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En su salud lo hallarán

Una vez que se han abierto las candidaturas ya sea a nivel de precandidatos o con sus constancias de partido, inicia ahora otra etapa, la integración de equipos, es un momento de decisiones importantes para cualquier candidato, la integración de equipos para la campaña generalmente se hace conforme a cercanías o militancias, no siempre atendiendo al profesionalismo, esto pasa en todos los partidos y se convierte en una situación de riesgo.
Los equipos de campaña son integrados con individuos preparados, medianamente preparados y a veces solo son grillos, estos últimos, resultan francamente conflictivos, ya que su supervivencia la basan en el golpeteo interno, la grilla sorda, la formación de grupos que se confrontan, el bloqueo de trabajo, la descalificación y alta dosis de servilismo pernicioso, entre otras lindezas que van desestabilizando al equipo en general.
El estudio del Marketing político permite detectar cuando hay calidad en el equipo o cuando hay grilla, el “elementalismo” no se puede ocultar, el que basa su trabajo teniendo como cartera de presentación su cercanía con él o la candidata más que en una visión integral de trabajo, seguramente llevará al equipo a la turbulencia interna. Una campaña no se trata de amiguismos, sino de ideas, de propuestas, de argumentaciones, de análisis, de concepciones, de visiones y de tener actitudes unitarias que fortalezcan al grupo.
En la designación de los equipos se ve también la madurez e inteligencia del candidato o candidata, un equipo que contenga elementos con antecedentes de conflictivo, incapaces, poco serios, etc. Debilitan al candidato o a la campaña, los someten críticas en innecesaria aunque esta crítica no sea hecha de manera abierta, sino que recorre pasillos, cafés, oficinas, lugares públicos, etc.
Esto sucede casi siempre y por lo general en todos los partidos, siempre está el fenómeno de que todos se sienten generales, genios creativos, intelectuales políticos, conocedores profundos y terminan por querer intervenir en todas las áreas, sin aportar en ninguna.
De ahí que la designación de equipos no sea una cuestión baladí, es de particular importancia, serán los que hagan el trabajo de contenido, de imagen, de relaciones, de puentes, de trabajo con los medios, de elaboración de ideas para el discurso, de estrategia para el contacto ciudadano. Todo ello en un ambiente de debate interno, pero no de confrontación, si no hay claridad entre la argumentación necesaria y la confrontación absurda, una campaña puede terminar en fracaso.
Independientemente de las cuestiones ideológicas, el trabajo electoral suele ser interesante, estresante, lleno de situaciones que requieren decisiones rápidas, de respuestas acertadas, de criterios unitarios y conciliatorios y el trabajo con enfoques certeros que permitan, lo mejor posible, los tiros de precisión.
Un alto riesgo es el de traer genios de fuera, hay casos de fracasos estrepitosos, el genio cobra muy bien y se va, el riesgo se queda, los desaciertos se deben remontar aunque para ello se traiga a otro genio de fuera, y así, el dinero va llenando los bolsillos de gente de fuera y los comunicólogos locales, conocedores de nuestra realidad, insertos en los contextos son desplazados y muchas veces trabajan con la promesa de chamba futura que a veces ni llega.
Por eso sostengo que en esta etapa de integración de equipos se camina al filo de la navaja, no hay que olvidar que muchas veces son líderes los que participan y el candidato o candidata debe ser líder de líderes, una imagen blanda, tolerante o “pasalona”, le crea escenarios de riesgo en su imagen.
En escenarios de conflicto interno, de imposiciones de gente impreparada, se termina diciendo, así nos la jugamos, lo cual está más que prohibido en el manejo de marketing, sobre todo considerando que una campaña debe ser triunfadora desde el principio o desde el principio puede no serlo, incluso, imagen blandengue se puede ganar, pero luego esto puede pesar mucho.
Muchas veces he escuchado que las campañas se hacen con dinero, ciertamente, parafraseando a los clásicos, diríamos que “una campaña pobre, será una pobre campaña”, pero los recursos son una herramienta más, dinero sin inteligencia no sirve de nada, diríamos que una campaña se hace con dinero y con inteligencia, generando entusiasmo, no estresando, se hace con ambiente unitario no de confrontación, con ganas de ganar, no temerosos y con dudas, se hace sintiendo que se aporta, no con la sensación de ser excluidos y marginados.
Como somos solo generadores de opinión y quizá propiciadores de alguna reflexión, veremos cómo se van conformando los equipos, cómo van funcionando y qué resultados dan y si los líderes son acertados, débiles o titubeantes, porque de una cosa deben estar seguros, todo lo que hagan se estará observando, de esto ni duda y las decisiones que tome el candidato o candidata, en su salud lo hallarán. O no.

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