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… En voz alta

un derecho sin reves

El 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, en reconocimiento a la lucha y participación de todas las mujeres del mundo en pie de igualdad con los hombres. Celebración que por su importancia se extiende a todo el mes de marzo.
Este año en particular, se pondrá de relieve la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing, firmada por 189 gobiernos hace 20 años, la cual estableció la agenda para la materialización de los derechos de las mujeres. Por ello, el tema del Día Internacional de la Mujer de este año es el firme llamado de la Campaña Beijing+20 de ONU Mujeres, cuyo lema es: “Empoderando a las Mujeres, Empoderando a la Humanidad: ¡Imagínalo!”
Durante su mensaje para este 2015, la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres Phumzile Mlambo-Ngcuka, señaló que “la paridad de género debe lograrse antes de 2030, a fin de evitar el lento ritmo de progreso que condena a las niñas y los niños que nacen hoy a esperar 80 años antes de ver un mundo con igualdad… Si los países hubieran cumplido todas esas promesas, hoy estaríamos observando muchísimos más avances en materia de igualdad que las pequeñas conquistas que estamos celebrando en algunas áreas. Estaríamos hablando de igualdad para las mujeres en todos los ámbitos y podríamos estar hablando de un mundo más sano, con una prosperidad más uniforme y sosteniblemente más pacífico”.
Es cierto, los logros han sido muchos desde entonces, sin embargo, las brechas que aún existen son numerosas y profundas. En México como en casi todo el mundo, seguimos día a día, luchando, levantando la voz y realizando diversas acciones a favor de nuestros derechos. Prueba de ello, son las repudiables e indignantes acciones y expresiones del presidente de municipal de San Blas, Nayarit, y del Gobernador de Baja California.
Por ello, es preciso defender las conquistas de las mujeres, reconocer desafíos y dirigir mayor atención a nuestros derechos y a la igualdad de género para motivar a la sociedad y a los gobiernos a hacer lo que les corresponde. Con acierto, el Secretario General de la ONU señaló que el ejercicio de los derechos humanos y la igualdad no es un sueño, es un deber de los gobiernos, de las Naciones Unidas y de todos los seres humanos.
En este sentido, resulta que entre los pendientes y retos está el impostergable de actualizar la ley para establecer sanciones severas a los funcionarios públicos que con sus expresiones, acciones u omisiones, ejerzan violencia y discriminen a las mujeres, o a cualquier persona por razones de origen étnico o nacional, género, edad, discapacidades, condición social, condiciones de salud, religión, opiniones, preferencias, estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar sus derechos y libertades. Es innegable que quienes pertenecemos al servicio público, estamos doblemente obligados a observas ciertos principios y a respetar la ley, bajo ningún motivo podemos tolerar que sea diferente.
Lo anterior, no solamente será efectivo por el establecimiento de la ejemplaridad del castigo, sino también, para impulsar una nueva cultura incluyente, respetuosa e igualitaria, lo que con seguridad favorecerá el avance democrático de las mujeres y su empoderamiento.
Como sabemos, el empoderamiento de las mujeres, es un término que fue acuñado en la Conferencia Mundial de las Mujeres en Beijing, en el año de 1995 para referirse al aumento de la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones y el acceso al poder. Hoy en día, este concepto ha ampliado sus dimensiones, ya que por un lado se refiere a la toma de conciencia del poder que individual tiene cada mujer y al poder que colectivamente como grupo tenemos las mujeres.
Es decir, el empoderamiento empieza por la toma de conciencia de nuestro poder personal, de nuestra capacidad de configurar nuestras propias vidas, de influir en nuestro entorno y de influir en el entramado social y en el andamiaje institucional y jurídico. En otras palabras es una evolución en la consciencia de las mujeres sobre nosotras mismas y de nuestras relaciones con el mundo.
El empoderamiento de las mujeres incluye un cambio individual y un cambio social que posibilite el ejercicio de los derechos sin ninguna limitante, en igualdad de condiciones y sobre todo, posibilidades para acceder a las mismas oportunidades. De ahí la importancia de la equidad y, desde luego, de las acciones afirmativas o compensatorias.
La lucha permanente, el esfuerzo cotidiano y la solidaridad nos han llevado a nuevas y mejores realidades, contamos con mejores leyes, mejores políticas públicas y mejores oportunidades. Uno de estos logros, dará sus mejores frutos el próximo proceso electoral en donde llegarán más mujeres al poder para seguir luchando juntas y unidas en contra de los cobardes, palurdos, cretinos, mononeuronales, delincuentes, cínicos y cobardes que impiden el desarrollo de las mujeres y de México.
Juntas y unidas, en favor de nuestras mejores causas y por la construcción de una sociedad justa, incluyente, ética, respetuosa, responsable y civilizada.
Levantemos fuerte la voz desde cada lugar en donde nos encontremos para que se respeten los derechos de todas las mujeres, una y otra vez, defendamos lo que legítimamente nos corresponde. Pensemos en nosotras y en las demás mujeres en voz alta, porque sin voz no hay libertad.

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