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Encono… (¡qué miedo!)

Ivonne Melgar

Sabemos que las campañas electorales son peleas rudas que requieren del contraste de biografías, ideas y propuestas.
Pero quienes vivimos la transición de las campañas del seguro candidato ganador del PRI hacia la competencia entre dos o más partidos, estamos en condiciones de advertir que la incertidumbre de hoy va más allá de los votos.
Se trata de un clima de encono que polariza todas las pistas del juego y que contamina a los competidores, árbitros y jueces.
Encono, ése es el término que califica el ánimo de un proceso que esta semana dejó al descubierto el riesgoso antagonismo entre los consejeros del INE, que preside Lorenzo Córdova, y los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que encabeza Janine Otálora.
El problema no son las supuestas trampas cometidas por Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, y su sorpresiva habilitación como candidato presidencial cuando transcurría el día 11 de la campaña.
El problema es el encono que marca ya la relación entre consejeros y magistrados y lo que desata: Enredadas sospechas telenoveleras de que el trabajo del INE será descarrilado por las impugnaciones del TRIFE hasta telarañosos pronósticos de fraude que serían disfrazados de elecciones anuladas.
¿O qué es entonces lo que transpiramos la noche del lunes 9 de abril, durante la sesión en que los magistrados José Luis Vargas, Indalfer Infante, Mónica Soto y Felipe Fuentes revivieron la candidatura de El Bronco, bajo el argumento de que el INE incurrió en errores?
La escena quedará para el registro de las desavenencias electorales: La presidenta del Tribunal, Janine Otálora, y los magistrados Reyes Rodríguez y Felipe de la Mata tomaron distancia con argumentos contrarios a quienes asumieron el costo de herir al árbitro electoral.
El hecho queda y no es poca cosa: El TRIFE votó dividido y dividido quedó por una resolución que dañó al INE y esa podría ser una pauta que caracterice la calificación de la elección presidencial.
Hubo más: El presidente del INE acató, pero ventiló sus inconformidades.
Es una pauta que genera miedo porque extiende la incertidumbre más allá del conteo de los votos.
Y nos advierte del poder de la judicialización del proceso, misma que resulta inevitable y necesaria, como bien lo mostró la otra resolución del TRIFE de esta semana, la que el jueves 12 determinó que la PGR violentó las condiciones de equidad de la contienda presidencial al difundir el video del candidato del Frente, Ricardo Anaya, cuando acudió a esa dependencia ante las denuncias no probadas de lavado de dinero que de ahí salieron para efectos mediáticos.
En ese caso, los magistrados del Tribunal confirmaron los criterios que semanas atrás aplicaron los consejeros del INE al instruir al encargado del despacho de la PGR, Alberto Elías Beltrán, que retirara de sus plataformas informativas ese video.
Pero la Procuraduría se inconformó y acudió al TRIFE para alegar que el INE estaba equivocado.
Sin embargo, ante la evidencia del uso de la institución para golpear al candidato opositor, los magistrados dieron la razón a los consejeros.
Paradójicamente, cuando el Tribunal anunciaba esa decisión a favor de Ricardo Anaya, el equipo de la campaña del candidato del PRI, José Antonio Meade, daba una conferencia para pedirle a la PGR que continúe por la ruta que tanto el árbitro como el juez electoral han sancionado.
Y es que ahí también priva el encono, particularmente en el principal vocero de Meade, el expanista Javier Lozano, quien fuera promotor de Anaya cuando buscó la presidencia del PAN en 2015.
Pero ahora convertido en el crítico mayor del candidato frentista, el senador Lozano ha tomado la causa de impugnar a su exdirigente con un caso que no termina de tomar forma judicial.
Dirán los analistas de los hechos en frío que no hay nada personal y que se trata de una simple estrategia en la pelea por el segundo lugar de la contienda.
Lo cierto es que no sólo ahí se respira el encono.
También ese jueves, en la pista de Andrés Manuel López Obrador atestiguamos una escena que pintó de cuerpo entero el momento, cuando declaró a la prensa que deliberadamente abandonó el hotel donde desayunaba en Nayarit para no toparse con Miguel Ángel Mancera.
Sin ocultar el malestar, rompiendo su autoimpuesta consigna de “amor y paz”, el puntero en las encuestas dijo que no quería toparse con personas que le caen mal.
Y aunque Mancera no tuvo oportunidad de saludar al candidato, con quien hace seis años compartió campaña, sí estuvo a cuatro mesas de distancia de su exjefe Marcelo Ebrard.
Ninguno, sin embargo, cedió. Ni Mancera, coordinador del proyecto de coalición del Frente, cuya tarea es dialogar con todas las fuerzas para concretar ese propósito.
Ni Ebrard, etiquetado como uno de los mejores operadores de acuerdos de Morena.
Pero la política brilla por su ausencia cuando el encono se impone.
Sí, el encono, ese pantano de sentimientos que el diccionario de la REA define como “animadversión, rencor arraigado en el ánimo”.
Y la lista sigue…

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