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Entrevista con Ángel Sergio Guerrero Mier (2ª de 3 partes)

•   Enrique Dupré Ceniceros

—Platíquenos, licenciado, cómo le fue en la transición del gobierno de González de la Vega a Enrique Dupré Ceniceros.

Ah, bueno, las cosas estuvieron así: al término de la administración de González de la Vega, que concluyó nuestro recordado amigo Rafael Hernández Piedra como interino, como es lo correcto, todos los fun-cionarios entregamos nuestra renuncia para que la nueva administración dispusiera de los cargos.

Pero el senador Enrique Dupré Ceniceros, quien por cierto llegó con el impulso de Humberto Romero, poderoso secretario particular del presiden-te Adolfo López Mateos, y del Secretario de la Presidencia, Donato Miran-da Fonseca, desde candidato ya me conocía; recuerdo que en su campaña le ofrecieron los ganaderos, a manera de apoyo, una cena que se llevó a cabo en Súchil, y entre los organizadores estaban Don Fidel Gutiérrez y Antonio Mier, mi tío materno. Fue Don Fidel quien le dijo a mi tío Don Antonio: “Oye, necesitamos un orador para que ofrezca la cena a nombre de los ganaderos del estado al candidato Dupré, ¿Por qué no le decimos a tu sobrino que se encargue del discurso?”

Y así fue, al término del convivio Dupré me felicitó por mis palabras y me preguntó en dónde trabajaba. Pues en Gobernación del Gobierno del estado, le dije. Creo que allí fue donde me identificó.

Al iniciar su administración, Dupré Ceniceros nombró al licenciado Enrique Fernández de Castro como Secretario General de Gobierno, quien al ver mi renuncia como titular de Gobernación, como la de todos los funcionarios, seguramente consultó con el gobernador a quiénes se les aceptaba dicha renuncia y a quiénes no.

A los días, me mandó hablar el Secretario de Gobierno para decirme que yo continuaba, que siguiera haciendo mi trabajo, el cual era en estrecha coordinación con él, pues en aquel tiempo no había asesor jurídico; quien auxiliaba en esa materia contestando los amparos era el Jefe de Goberna-ción. Y así seguí. Continué en esa administración de Dupré.

Y, ciertamente, como usted lo relata en su libro, a mí me sorprendió en la Ciudad de México la noticia de la desaparición de poderes, por eso ya no alcancé a despedir al ingeniero Dupré como me hubiera gustado. El primer día allá, en el Distrito Federal, sólo se hablaba en la prensa de la caída de Dupré, no mencionaban todavía a su sucesor interino.

•   Ángel Rodríguez Solórzano

Así que dije, chin, ¡otra vez a renunciar!, ni modo, me dedico a la litigada. No me asustaba eso porque sí me gustaba la idea del ejercicio de mi profe-sión. De inmediato me regresé a Durango y cuál va siendo la sorpresa, ya era una noticia la designación que había hecho la Comisión Permanente del Congreso, recayendo la gubernatura interina en la persona del entonces Di-putado Federal por el Primer Distrito de Durango, y exrector del Instituto Juárez y de los fundadores, junto con el maestro González de la Vega de la Universidad Juárez, mi maestro y amigo, Don Ángel Rodríguez Solórzano.

De eso me enteré estando ya de regreso a Durango, me trasladé inmediatamente a entrevistarme con el gobernador Rodríguez Solórzano para recibir ins-trucciones y preparar la entrega de mi oficina otra vez, pues no sabía si la tenía que entregar y a quién. Pero al recibirme de inmediato Don Ángel, me saludó con afecto y me dijo que dónde andaba, pues ya había mandado buscarme, en ese momento le informe que estaba de vacaciones en la capital del país.

Para no hacer tan larga la plática, después de analizar él varias opciones para ascenderme en su administración gubernamental, optó por invitarme a la Oficialía Mayor de Gobierno, puesto donde trabajé muy a gusto y con esmero para corresponder a la confianza que se había depositado en mí.

Pero los azares del destino me tenían preparada otra venturosa sor-presa: el liderazgo nacional del PRI y de la CNOP, habían considerado la necesidad de renovar los cuadros dirigentes de la CNOP en el estado de Durango, después de una prolongada estancia en dos ocasiones de Don Braulio Meráz Nevárez al frente del sector popular del PRI. En la primera vez que la dirigió lo hizo muy bien, pero en la segunda ocasión ya tenía muchas tareas en la Ciudad de México y otras actividades personales que le impedían dedicarle tiempo a la CNOP.

Después de varias consultas y sondeos de perfiles se pensó que yo po-día hacerme cargo de la dirigencia, de lo que fue informado y consultado el gobernador Rodríguez Solórzano, quien me mandó llamar y me comu-nicó que yo encuadraba en lo que andaban buscando a través del Delegado del CEN del PRI, el senador Bernardo Aguirre. El Gobernador me dijo que él no se interpondría para que yo hiciera mi carrera política. Y me dijo: pues adelante, ya conseguiré otro Oficial Mayor.

Así fue como llegué a la dirigencia estatal de la CNOP, durante el gobierno de Rodríguez Solórzano, cuando se realizó un trabajo de reconstrucción de este sector popular por encargo del líder nacional cenopista, que al darme posesión de dicho liderazgo, me dijo: “Pues ahí lo dejamos, habrá que trabajar mucho, pues recibe usted un cadáver. Hay que darle vida”.

Continuará…

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