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“Está por nacer el niño” en la CMIC


El pasado hecho inédito acontecido en la CMIC en Durango, para renovar su dirigencia, generó un insólito pero real empate en la elección, en la que hay empresas que tienen derecho a distinto peso de voto, dependiendo de su antigüedad y hay quienes tienen afiliadas a otras empresas y que son de distintas antigüedades.
Es decir, aunque alguien tenga la mayoría de asociados físicamente, otro, con minoría de agremiados pero con derecho a más votos, con más poder económico, puede empatar o hasta ganar una elección. Un principio de la democracia pura, que desgraciadamente no existe digo yo, lo mismo debe valer el voto de un pobre que el de un rico.
Y no existe la democracia pura porque al paso del tiempo a través de la historia desde los griegos, el hombre y la sociedad, ha ido cambiando las formas de hacer democracia, hasta crear sus propios modelos para ejercerla. Es válido.
En una real democracia, surgen como dirigentes, los que genuinamente representan la voluntad de sus integrantes, no por su poder económico, porque se acercaría a la plutocracia, en donde ganan los del dinero, pero, de alguna manera, son las reglas que establece autónomamente cada organización de la sociedad civil.
Otra vía que les da derecho a más votos en la CMIC, es la antigüedad de cada socio o empresa, para evitar que los arribistas o de recién ingreso, determinen una elección. Lo que significa un premio a la constancia y al amor a la camiseta. Eso me parece muy sabio y justo.
Por ejemplo, tienen establecido, que, la empresa que tenga 10 años a más de antigüedad, tiene derecho a 4 votos. Empresas con 5 a 10 años de antigüedad, a 2 votos. Y las empresas de 0 a 5 años, a un voto. Complejo el esquema, porque el que tiene más capacidad económica, crea más empresas.
En ese marco de tres variables: Voto físico, voto por empresas y el voto por antigüedad, estadísticamente hablando, la posibilidad de un empate, se daría un caso en un millón. Y se produjo en Durango.
Miguel Ángel Mojica Vargas, sobradamente el favorito en votos de personas físicas, representa a la mayoría de los micro y medianos constructores, los que han sido desplazados en la asignación de obra, o dicho en otras palabras, los menos favorecidos en el sexenio anterior, pero sus 345 votos obtenidos, representan, con mucho, más socios reales.
En tanto que, los 345 votos que Iván Orozco alcanzó, representan más empresas, pero menos votos de carne y hueso. Estamos hablando pues, ante un empate, es obedecer a la mayoría de los socios, que votó por Mojica.
Ojalá no le pase a Mojica Vargas lo que a Hillary Clinton, en Estados Unidos, quién sacó tres millones de votos más que Donald Trump, pero por delegados del sui géneris e injusto esquema del comité electoral estadounidense, le dieron el gane a Trump.
Lo que hace todavía más complejo este complicado esquema electoral de los constructores a nivel nacional, es que existe la figura de Cartas-Poder, que cada candidato puede presentar y representan votos cada una, y, ante el histórico empate, se originó la polémica por causa de una carta poder que presentó el grupo de Iván, que representó cuatro votos a la hora de la suma, pero que cuestiona el grupo de Miguel Ángel, porque el empresario propietario de esas empresas acaba de fallecer y la administradora de ésa empresa otorgó dicha carta poder, lo que habrá de dilucidar su validez, la cúpula de éste organismo empresarial en una revisión integral.
Por eso me gustan las elecciones que hacen las asambleas ejidales para elegir a sus autoridades, ahí no se aceptan cartas poder, debe ser personalmente cada ejidatario el que deposite su voto, cada titular de los derechos ejidales valen por igual, un voto.
En lo que en mi opinión, si en ésta vida hay justicia, el veredicto final deberá favorecer a Mojica porque es el más representativo, no lo dudo así será dirimido internamente y en su superior jerarquía. No tardará mucho para que en el seno de la CMIC veamos “nacer el niño”.