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Estrategia que no se entiende

Mucho se insiste en que el presidente Peña Nieto es quien lleva el manejo de la campaña del candidato del PRI José Antonio Meade, si esto es cierto, el PRI está metido en un problema. El presidente pese a la inmensidad de recursos que ha aplicado a la promoción de imagen, tiene uno de los porcentajes de aceptación más bajos que haya tenido un presidente.
Los negativos del presidente son bastante serios, solo mencionaremos que ha roto el record de violencia traducida en asesinatos, muerte a periodistas, dirigentes sociales, defensores de derechos humanos, más los escándalos de impunidad y corrupción. En estas circunstancias, la recomendación debería ser que el presidente guardara una sana distancia con la campaña a fin de no contaminarla.
Pero la decisión es exactamente al contrario, en la medida que aumenta la debilidad presidencial, la campaña queda en sus manos, así vemos que ni el partido ni el candidato repuntan. Se quieren repetir formas y estilos que dieron resultado en la campaña del 2012, tomados de la mano de los consorcios televisivos.
El candidato se dejaba querer hasta por una hora antes de llegar al presídium en los eventos. Se hizo un binomio con recursos poco claros aplicados en la campaña que se tradujo en un triunfo cuestionado, es cierto, pero es presidente.
Se intenta repetir el método y vemos al candidato Meade con sombrero chamula con el que se ve mal, se percibe incómodo, desconcentrado, sin discurso, sin carisma, con sonrisa forzada, sin la clásica entrega del priismo a su candidato, porque Meade no es priista y eso debilita la participación de la estructura partidaria; terminan por hacer eventos en recintos cerrados, pequeños, en lugar de miles hasta ahora hay solo cientos de “aplaudidores” confusos, desconcertados, quizá avergonzados, hay ausencia hasta de “matraqueros”.
Se dice que ante la debilidad de imagen del candidato lo apuntalan con la imagen de la esposa comprando naranjas en un mercado, imagen que nadie cree, que no comunicó nada, sirvió para que arreciara la agresividad en su contra en redes. Vuelve uno a extrañarse por la manera desacertada de manejar su estrategia, no son medidas para ganar, caminan al precipicio, todos lo dicen, ellos insisten en no variar el rumbo.
Así llegamos a otro asombro, el senador Javier Lozano renuncia al PAN, argumenta falta de valores, de identidades, de rumbos, de imposiciones y otras lindezas; en menos de veinticuatro horas después de su renuncia se integra a las vocerías del candidato del PRI, otra jugada que debilita.
Seguramente que en la zona carbonífera de Coahuila recuerdan bien a Javier Lozano, siendo secretario del Trabajo operó a favor de la minera México culpable de que murieran sepultados los mineros de Pasta de Conchos, Lozano trabajó sin pizca de sensibilidad humana para que no se hiciera justicia y sacar bien librada a la compañía minera culpable de la muerte de los mineros.
En la agenda de crisis hay otros elementos de ruido: la confrontación con el gobernador de Chihuahua Javier Corral no va a darle fortaleza al candidato del PRI, los chihuahuenses apoyan a su gobernador. Quizá no era la intención que el reclamo a Hacienda por retención de partidas rebotara en el proceso electoral, pero ahí lo condujo el mismo Gobierno Federal, ahora es tema que se debate en medios, en la sociedad, en recintos legislativos y termina por fortalecer al gobernador Corral, mientras que Meade no repunta, no pinta.
Lo peor es que parece que les importa un comino, simplemente es desconcertante, va a estallar la estafa maestra, más lo que se acumule, todo le pegará al candidato Meade que hasta hoy no parece preocuparle la situación, o no la entiende, o no quiere entenderla o ya se derrotó, vaya usted a saber. O no.

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