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Gabinete de gobierno de Armando del Castillo

Armando del Castillo resolvió no exponerse cambiando de secretario de Gobierno, pues hizo un bosquejo con una terna de posibles opciones, en donde integró a reconocidos duranguenses y luego los sometió a consenso de varios sectores; ya se había arrepentido de haberlo hecho: todos fueron impugnados por una u otra razón.
“Durango sigue igual, no dejaron “títere con cabeza”‘, es una verdadera lástima”, decía Don Armando, así que determinó ratificar al Lic. Carlos Galindo Martínez, en la Secretaría General de Gobierno.
Como Oficial Mayor de Gobierno designó al exalcalde Lic. Jesús Flores López; a propósito, quiero comentarles, que el que esto escribe estuvo considerado para ocupar dicho cargo, pero tenía que dejar la diputación federal que entonces ocupaba; además, en mi proyecto estaba la presidencia del PRI Estatal, la que podía ocupar sin dejar la diputación federal. De esa propuesta estuvo enterado mi suplente en esa diputación, Pedrito Ávila Nevárez, a quien le comentó el propio Don Armando esa posibilidad.
La Procuraduría General de Justicia en el Estado le fue encomendada al entonces Director de la Facultad de Derecho de la UJED, Licenciado Camerino Castro González. La Secretaría Particular le fue conferida al joven profesionista duranguense Anhuar Daher Guerra. La Dirección de Obras Públicas la ocupó hasta el día de su muerte, el Arquitecto Fausto Guerra, continuando en esa tarea el afable y emprendedor Arquitecto Guillermo Gutiérrez.
En la Tesorería General y la Policía Judicial del Estado, fueron nombrados como sus titulares, el Abogado Fernando Sonora, quien como presidente de la Colonia Durangueña se había ganado la amistad de Don Armando y el Mayor Fidel Arteaga, quien gozaba de la amistad de Arturo Durazo, otrora poderoso jefe policiaco del Distrito Federal.
Casualmente ambos, Sonora y Arteaga, se habían ido a radicar a la ciudad de México hacía más, de veinte años. Y coincidentemente, los dos nombramientos provocaron una controversia, hasta el grado de lograr su remoción. Sin embargo, a los dos defendió hasta donde le fue posible, siendo sustituidos por Sergio González Santacruz y José Duran Valenzuela, respectivamente.
¿Por qué perdí la Presidencia municipal?
La reflexión íntima y serena, me ha llevado a meditar últimamente, que no es necesario esperar a que la vejez llegue a mi vida para recrear en la memoria de los duranguenses contemporáneos, el trozo de tiempo que nos ha tocado compartir, casi siempre como espectador y otras veces como protagonista, y presentarles a nuestros hijos y nietos, algunos aspectos importantes de los episodios que han ido teniendo, muchas veces con alegrías y otras con sinsabores; unas con éxitos y otras con errores, la historia reciente de nuestro bello terruño: Durango.
Mi vida gira en torno a la figura política de la Presidencia Municipal; mire usted si no: el padrino de bodas por la iglesia, hace muchos ayeres, en 1970, fue Maximiliano Silerio, quien años después fue alcalde; y como testigo de boda por lo civil, firmó Gonzalo Salas, Presidente Municipal en funciones.
Quien me casó en su calidad de Oficial de Registro Civil, fue Jesús Rodríguez Prado, ex edil que me había iniciado en la creatividad política, junto con los demás. Lalo de la Peña, quien muchos años antes de ser Presidente del Municipio, de alguna manera se convirtió en mi mecenas en una etapa de mi vida. El padrino de bautizo de mi única hija fue Máximo Gámiz, también ex jefe de la Comuna. Con José Ramón Hernández Meraz viví una tensa experiencia fraternal que compartimos en su truncado anhelo de contender por la Presidencia Municipal. Yo mismo fui aspirante malogrado a la alcaldía, de niño tuve una beca otorgada por el Cabildo en 1960; mi primer trabajo fue en el Ayuntamiento, como oficial de barandilla, en 1968.
Con todo lo anterior, cómo no iba a estar motivado en mi sueño de juventud, por ser un día Presidente Municipal, si desde mi adolescencia recorría casi a diario, como devoción, esos cuarenta y cinco escalones que tenía contados, para subir en la amplia escalera de cantera que conduce a la planta alta del Palacio de Escárzaga.

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