Loading

Guerrero Mier candidato natural del PRI a la gubernatura

Ángel Sergio Guerrero, por otro lado, tenía una cauda de viejos seguidores: Leodegario Soto Cesaretti, Moisés Moreno Armendáriz, José Hugo Martínez Ortiz, Wlfrano Torres Sanmartín, Agustín Ruiz Soto, Jesús Reyes Esquivel, Mario Reveles, Jesús Flores López, Carlos Galindo Martínez, Lázaro López, “Cheta” Cárdenas, Pedro Ávila Nevárez, José Manuel Díaz Medina, Zina Ruiz León, Jesús Manuel Montenegro, Armando y Aurelia Espinoza Ortega, Víctor Arrieta Millán, Josefina Planchou, Cristina Arreola Rocha, Salvador de la Rosa Simental, sin omitir desde luego, a Don Ángel Rodríguez Solórzano, que todavía vivía, etcétera.

Ese grupo, que ha seguido a Guerrero Mier al paso de los años, se fue incrementando con nuevos “guerreristas” entre los que destacaban Nicolás Quintero Montgomery, Jaime Herrera Valenzuela “El Calabazo”, Raúl Terán Cabral, Juan Manuel Flores, Adrián Alanís Quiñones, Francisco Luis Monárrez Rincón, Enrique Torres Cabral, Gustavo Lugo Espinoza, Héctor Vela Valenzuela, Jorge Andrade Cansino, Jaime Fernández Saracho, Yolanda de la Torre, Rosauro Meza, Ulises Adame, Francisco Guevara, Gabriel Bretado, los hermanos Carlos y Ramón Güereca Díaz.

Desde que era senador de la República, Ángel Sergio Guerrero Mier asistía los fines de semana a la ciudad de Durango, porque tuvo ese tino de que por muy importantes que fueran sus tareas encomendadas por el partido o por su trabajo parlamentario en la Cámara Alta, nunca habría de desligarse de su tierra natal. No perdió el arraigo sencillamente porque no pasaban muchas semanas sin que viniera a su terruño para atender invitaciones variadas que se le hacían o su propia agenda de visitas a comunidades rurales y urbanas en Durango capital y la Laguna.

Montó su despacho de atención ciudadana y gestoría precisamente en su barrio de Tierra Blanca, en la planta alta en donde hace esquina la calle Bravo con Francisco Sarabia; era asistido por la señorita Pino Planchou. Era muy común verlo desayunando o tomando un café con personajes locales, casi en todos los restaurantes de mayor tradición o más frecuentados. Su imagen en el restaurant del hotel Presidente era habitual los sábados. Sabía lo que estaba haciendo.

Cuando veíamos movimiento de carros y de gente en ese crucero de Tierra Blanca, era señal inequívoca de que había llegado Guerrero Mier, y duranguenses provenientes de todo el estado acudían a entrevistarlo, seguramente para alguna petición de gestiones. Su antesala la llenaban desde alcaldes hasta líderes sociales o simples amigos.

Así las cosas, en Durango no lo veían como el senador de la República, sino como el próximo gobernador del estado y él lo sabía y se dejaba querer. El escenario no se antojaba fácil para el PRI. La campaña fue ardua, contestataria y fatigante. En los anteriores comicios locales intermedios en el gobierno de Maximiliano Silerio, en 1995, se habían perdido dieciocho presidencias municipales de las treinta y nueve. Y cinco diputaciones locales se habían perdido de mayoría, más las plurinominales que habían logrado PAN, PT y PRD. La capital del estado la había ganado el PT y el municipio siguiente en importancia, Gómez Palacio, el PRI apenas lo había ganado, con tan sólo 180 votos de diferencia con el PAN.

Así llegamos al año de 1998, el gobernador de Guanajuato, Vicente Fox Quezada, panista de nuevo cuño, se encontraba desbocado en plena precampaña política para lograr la candidatura a Presidente de la República; recorría palmo a palmo el país, con un discurso dicharachero y silvestre, con un lenguaje y vestimenta campirana que fue novedoso. En esa tesitura, visito la ciudad de Durango en dos ocasiones para apoyar a los candidatos a las presidencias municipales y a diputaciones locales de su partido. Sin embargo, sus discursos demagógicos y superficiales, influyeron en el electorado estatal, y Fox perdió en Durango las elecciones presidenciales del 2000.

Fue nombrando como su coordinador general de campaña el arquitecto Adrián Alanís Quiñones (posteriormente secretario de Obras Públicas, y después, senador de la República) y como coordinador de finanzas el contador Francisco Luis Monárrez Rincón, precedido de haber dirigido la Cámara Nacional de Comercio en el estado y haber sido coordinador del Consejo Coordinador Empresarial.

Como es tradición en estos menesteres, se acatan reglas no escritas y se le deja al candidato a gobernador la potestad de escoger a quien presida el PRI en el estado, para ensamblar un equipo compacto conforme a la estrategia diseñada, de tal manera que Ángel Sergio optó por el prestigiado maestro universitario y ex rector de la UJED, José Hugo Martínez Ortiz, para que se hiciera cargo de la dirigencia estatal del Revolucionario Institucional durante su campaña electoral. Se trataba de hacer una mancuerna, una alianza de facto, con la Universidad Juárez del Estado.

Continuará…

Comenta con Facebook