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Historia de dos discursos

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto”.
Es así como inicia “historia de dos ciudades”, una de las novelas más famosas del escritor británico Charles Dickens y ciertamente podríamos recurrir a éste párrafo para describir lo que actualmente acontece en nuestro país, derivado de la reunión que tuvo lugar días atrás entre el presidente de la República Enrique Peña Nieto y el candidato republicano Donald Trump, encuentro que desato dos discursos totalmente opuestos entre sí.
Por un lado se encuentra el discurso de quienes vehementemente respaldan las acciones del gobierno de la República, quienes se quedaron en el “Mexican moment”, el mejor de los tiempos, y sugieren que el haber invitado al candidato republicano fue lo mejor que pudo hacer la presidencia, independientemente de si fue el presidente, Videgaray, Osorio Chong o todos juntos, aseveran que se tuvo el gran acierto de invitar al candidato presidencial D. Trump, que fue una excelente jugada sacada de la manga en el tiempo perfecto (antes de que gane), que fue un rayo de lucidez, un acierto súbito; primero porque le abonó a la campaña de Trump, y luego, porque se le dio la oportunidad de entender que la diplomacia y la política pueden dirimir cualquier problema y que no es necesaria la diatriba pública de ambos lados de la frontera. En otras palabras se cumplió con el objetivo de sensibilizar a quién en su punto de vista representa la opción más real de triunfo en las próximas elecciones norteamericanas y se dejó a México en una posición privilegiada para discutir el TLC y el famoso Muro.
Por otra parte yacen aquellos que sistemáticamente critican al régimen y que encuentran en el 74 por ciento de desaprobación que mantiene el presidente su justificación histórica para desacreditar todo lo que salga de Los Pinos, para ellos estamos en el peor de los tiempos, en el tiempo de la confusión, de los escándalos y la corrupción desmedida. Sobra decir que a su parecer la visita de Trump se suma al sin fin de tropiezos y errores que ha tenido EPN desde el inicio de su sexenio.
Por desgracia nos encontramos en medio de un juego muy peligroso, que va más allá del discurso, estamos ante una autentica implosión del sistema, derivado del conflicto entre aquellos que se quedaron ancorados en un pasado obsoleto y quienes se aferran a un futuro que no es factible, más preocupante aún es el hecho de que ninguno de los dos bandos parece recular en sus estrategias, las cuales no hacen más que perjudicar al resto de los mexicanos, generando una rispidez que dista mucho de una política capaz de generar acuerdos por el bien del país.
Es necesario pues, el surgimiento de un tercer discurso, una más social y apegado a la realidad, un discurso que permita homologar los intereses de la nación con la diplomacia extranjera, uno que unifique a los mexicanos y que nos permita trazar un camino factible para aprovechar todas las herramientas monetarias y fiscales que consienta profundizar en materia estructural para recuperar el crecimiento en lo que resta del sexenio. Éste discurso solamente puede emerger con el respaldo de la sociedad civil, quien por obligación histórica debe tomar las riendas de la nación y empezar a levantar su voz, el momento es ahora o nunca, de juzgarnos como generación ya se encargarán nuestros hijos.

Facebook: Edgar BC
Twitter: @edgar_olafbc

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