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Impacto del movimiento estudiantil de 1966

La carrera política de Guerrero Mier arranca en forma cuando el gobernador interino de Durango, Ángel Rodríguez Solórzano, al otro día de haber tomado protesta como gobernador interino, en relevo de Enrique Dupré Ceniceros, depuesto por voluntad presidencial mediante la desaparición de los Poderes del Estado por el Congreso de la Unión, a consecuencia del movimiento estudiantil del Cerro de Mercado, lo avizoró desde el balcón del despacho del gobernador (esquina de las calles Bruno Martínez y 5 de Febrero), donde se encontraba de pie viendo a la calle. Guerrero Mier iba caminando presuroso al Palacio de Zambrano a felicitarlo, pero Rodríguez Solórzano le indicó que subiera a su despacho, que lo necesitaba.

Iba a designarlo Procurador General de Justicia en el estado. Sin embargo, Ángel Sergio contestó:

-No, Señor, eso no es lo mío.

-Pero eres buen abogado; desde estudiante, estudioso.

-Sí, señor, pero lo mío es otra cosa, recuerde que fui uno de los coordinadores de su campaña política a Diputado Federal por el Primer Distrito, de usted y del maestro Jesús Rodríguez Prado. Lo mío no es lo penal. Mi vocación es la política o lo administrativo.

-Bien, Sergio, entonces la Oficialía Mayor de Gobierno.

-Eso sí, señor Gobernador. Con mucho gusto trataré de servirle desde allí.

Esto me lleva al pensamiento del filósofo de la política, el español José Ortega y Gasset, cuando afirmaba que: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

Lo anterior es por lo siguiente. Un año más adelante habría que preparar todo el laboratorio político para que en Durango, después de un movimiento estudiantil de la magnitud del de 1966, naciera sin contratiempos el siguiente candidato a gobernador y, para ello, los estrategas priistas nacionales entendían que había que enviar como delegado a un “lobo de mar”. Ese era Manuel Bernardo Aguirre.

Aguirre fue designado como Delegado General del CEN del PRI. Varias veces diputado federal y senador oriundo del “estado grande” de Chihuahua, de donde fue gobernador años después, le pidió a Rodríguez Solórzano un contacto o un intermediario. Don Ángel, de manera instintiva, pensó en su coordinador de campaña política y Oficial Mayor de Gobierno. No había otro, la verdad, que cubriera el perfil pedido por el delegado priista Bernardo Aguirre.

Así, decidió que el interlocutor fuera Guerrero Mier, y se generó entre éste y Aguirre una constante comunicación. Ese “chispazo” de Rodríguez Solórzano dio lugar a una de las carreras políticas más impresionantes de duranguense alguno.

El movimiento estudiantil del Cerro de Mercado tuvo sus raíces en el estancamiento económico que padeció nuestra entidad duranguense en la década de 1950, propiciado por la nula explotación de nuestra riqueza forestal, que era el fondo de todo. El inmenso cerro rojizo simbolizaba nuestro tesoro guardado en las entrañas del Valle del Guadiana.

Fue definitivo para nuestro de por sí ancestral atraso el Decreto del presidente Miguel Alemán, en 1949, por el que se instaura la veda sobre los recursos forestales. Suspendió la explotación de los bosques en el estado, los cuales ocupaban en números absolutos el 50 por ciento de su superficie. Más de 6 millones de hectáreas en total de este oro verde, riqueza inconmensurable que no podía aprovecharse en beneficio de los propios duranguenses.

En 1962 se abrió un nuevo capítulo político con el cambio de Gobernador. Enrique Dupré Ceniceros, una de las figuras centrales de aquel pasaje histórico, se convirtió en candidato. Un eminente ingeniero forestal vino a gobernar una entidad forestal por excelencia.

Nuestra agricultura estaba maltrecha y desolada por una prolongada sequía que azotó al campo duranguense durante siete años continuos; el desempleo era lastimoso y la pobreza estaba generalizada en el estado. La impaciencia social estaba llegando a sus límites cuando en 1964, en las postrimerías del sexenio del presidente López Mateos, se levantó por fin la veda.

Dicha disposición, elaborada de una manera sui generis que implicó constituir Bosques Mexicanos, A.C., presidida por el ingeniero Julián Rodríguez Adame, a la sazón Secretario de Agricultura del ya casi extinto periodo gubernamental, pero como secretario el empresario forestal Gilberto Rosas Simbeck, quien a su vez fungía como Presidente de la Unión de Madereros de Durango; como vocal de Bosques Mexicanos, el ingeniero Enrique Dupré Ceniceros, Gobernador Constitucional.

En 1965 el fenómeno de la emigración hacía su presencia de manera preocupante: más de 150 mil ciudadanos se habían ido de Durango, sólo en la década de los cincuenta, en busca de un espejismo, el famoso “sueño americano”.

La mano de obra duranguense, del campo y de los sectores más pauperizados, salían como en estampida de la entidad en aras de alcanzar el “sueño” de enlistarse como “braceros” rumbo al vecino país de Estados Unidos de Norteamérica. En la década de los sesentas, Durango ocupaba la lejana posición número veinticinco del país, en términos de desarrollo económico.

Continuará…

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