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Independientes

Yuriria Sierra

Nació para frustrarse. La figura nació para frustrarse. La figura de los candidatos independientes fue creada con los peores trazos; desde el inicio estuvo condenada para que el resultado, al menos el que nos ofrecieron para la candidatura presidencial, fuera el que el viernes nos anunciaron: Sólo Margarita Zavala lo logró, sólo ella cubrió el total de los requisitos para aparecer en la boleta, pero esto tampoco significa que ella haya realizado un trabajo ejemplar.
Desde el mediodía del viernes, trascendió lo que para la tarde fue información oficial: A Armando Ríos Piter le validaron sólo 242 mil 646 firmas en una dispersión de tres estados; a Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, sólo 835 mil 511 firmas en 17 entidades, se quedó a nada. Cuando a la fecha límite de recolección de firmas, ambos se ufanaban de haber logrado, incluso rebasado, el número de apoyos. Pero el INE encontró que en lo entregado hubo simulación de credenciales para votar, fotocopias y documentos inválidos. Trampa pura y llana. O de los aspirantes o del INE, como argumenta Ríos Piter. En el caso de Zavala, quien sí alcanzó el número de firmas, la situación fue la misma, pero los documentos válidos rebasaron el número solicitado y estará en la boleta; pero también hubo simulación en las firmas entregadas. Los tres aspirantes que más firmas entregaron con la dispersión de estados necesaria hicieron lo mismito. Los tres.
¿Cómo queda el aparato democrático que pretende enriquecer su estructura con la figura de las candidaturas independientes? Golpeado, duramente golpeado. Desde que inició el proceso electoral, se puso en duda la posibilidad de que alguien alcanzara la candidatura por la vía independiente. Muchos requisitos y una mala logística como apoyo. La app con la que se debían auxiliar para la recolección de las firmas falló desde el día uno. Aunque la mejoraron, esto no facilitó la experiencia. Todos los aspirantes se quejaron de ella. Marichuy, por ejemplo, denunció, con toda razón, que era ilógico —e injusto— que la vía tecnológica fuera la única para la recaudación de apoyo. No todo México es territorio internet. Ni con celulares de última generación. De ahí que Marichuy, una mujer que efectivamente representa a una de las poblaciones más vulnerables de nuestro país, no haya podido superar ni las 200 mil firmas.
Los aspirantes buscaron la manera de lograr los apoyos. Sólo Margarita lo logró, a pesar de todo: Sus firmas reales fueron menos que las simuladas. Pero las fallas en la figura de los independientes no radican sólo en esto, también en la apertura que dieron para que quien tenía menos de una semana de haber militado toda su vida en un partido político, se registrara como candidata. ¿Qué tan independiente se es cuando tu registro fue la única opción tras no encontrar apoyo dentro del grupo político del que siempre fuiste parte? ¿Qué tan independiente se es cuando incluso tienes todavía apoyo dentro de ese mismo grupo? La culpa, al final, no es de ella, sino de quien lo permite: Las leyes electorales, los procedimientos, la estructura democrática.
En realidad es una figura creada para servir, por ahora, como una suerte de salida seudo digna o de exilio o estratégica para dividir el voto por parte de los propios partidos: De ahí que solamente quienes conocen y tienen cercanía con sus estructuras puedan lograr los imposibles requerimientos que impusieron a estas candidaturas. El caso de Pedro Kumamoto es un garbanzo de a libra. Pero el propio joven jalisciense ha pasado las de Caín para lograr los apoyos requeridos. Es una ley hipócrita, diseñada para dar atole con el dedo y para preservar la tan dañina y desprestigiada partidocracia del país. Más que una apertura, esto parece convertirse en otro obstáculo, uno más, para que la nuestra, sea una democracia verdaderamente adulta. Como si el país estuviera para ello.

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