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Intolerancia en las redes

Las redes sociales se han convertido en mucho más que en herramientas para conocer gente, interactuar con los demás, hacer algún tipo de negociación (compra o venta de artículos) o estar permanentemente informado. Se han convertido en un implacable jurado o paredón de fusilamiento.

Desde su nacimiento han sido susceptibles de ser plataforma para propagar insultos, descalificaciones y juicios de valor sobre personas, que se realizan en la mayoría de los casos, bajo la sombra del anonimato.

Es tan amplio el número de horas promedio que pasamos navegando por las redes que pasamos a conferirles un lugar prominente en nuestra consideración y se le otorga, a toda la información que pasa por ahí, un incuestionable valor de veracidad.

En nuestro país, al igual que en muchos otros, los gobiernos y los partidos políticos han encontrado en las redes herramientas importantes para incidir en la obtención de votos o de opiniones favorables para calificar, de manera aprobatoria, alguna gestión.

En octubre de 2017 el reportaje del periodista Ronan Farrow para la influyente revista The New Yorker, relacionado con las acusaciones de violencia y abuso sexual contra el productor de cine norteamericano, Harvey Weinstein (“De proposiciones agresivas a abuso sexual: las víctimas de Harvey Weinstein cuentan sus historias”, se tituló.). Esto originó el despido del productor de su propia empresa y que Alyssa Milano, una de las actrices que dio su testimonio para el reportaje, publicó un tuit en el que pedía que todas las mujeres que hubieran sufrido algún tipo de acoso sexual respondieran diciendo Me Too (yo también) “para dar idea de la magnitud del problema”.

 Actores de la talla de Kevin Spacey, Bill Cosby han visto cortar sus carreras y enfrentar procesos judiciales. El #MeToo dejó de ser un simple hashtag y entró a los juzgados. Fue un cambio cultural en beneficio de las mujeres victimizadas por este tipo de conductas.

Como suele ocurrir con los movimientos sociales, las nobles causas que les dan origen se suelen deformar por algunos de sus simpatizantes. Además de luchar contra presiones o intolerancias de tipo sexista o machista, tiene que hacerlo contra obstáculos originados por su propia diversidad. En el articulo del diario La Razón, Raúl Trejo Delarbre enumera al menos tres: el maniqueísmo de plantear que los hombres son perversos y las mujeres virtuosas; la flexibilidad de las transgresiones, reales o supuestas, que se pueden amparar con ese hashtag (No toda insinuación sensual o sexual es acoso); y, por último, la acusación infundada.

En Francia un grupo de mujeres intelectuales, encabezado, entre otras por la actriz Catherine Deneuve, expusieron en un manifiesto, entre otras cosas,: “#metoo ha provocado en la prensa y en las redes sociales una campaña de denuncias públicas de personas que, sin tener la oportunidad de responder o defenderse, fueron puestas exactamente en el mismo nivel que los delincuentes sexuales. Esta justicia expedita ya tiene sus víctimas: hombres sancionados en el ejercicio de su profesión, obligados a renunciar, etc”.

Hace unos días fue señalado en tuiter por una integrante del movimiento mexicano de MeToo el músico y escritor Armando Vega Gil. Fue señalado por una  anónima, sin aportar hechos documentados. El que fuera integrante de Botellita de Jeréz, también conocido como “El Cucurrucucú”, decidió suicidarse. En una nota que subió antes de morir, entre otras cosas señaló: “Debo aclarar que mi muerte no es una confesión de culpabilidad, todo lo contrario, es una radical declaración de inocencia…”

Este episodio ocasionó un enfrentamiento a favor y en contra del músico. La incomprensión y el odio llenaron las redes. El odio y la polarización entre posturas de género no pueden ser la base de una campaña en contra del abuso y el acoso sexual.

Cualquier agredida tiene el deber cívico de no quedarse callada y denunciar, pero que este tipo de movimientos en las redes sociales no sean el pretexto para acusar o difamar sin sustento.

La imagen de un cuerpo bamboleante colgado de un árbol en la calle La Morena, en la Colonia Narvarte, en la Ciudad de México, habrá de recordarnos las consecuencias de todo esto.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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