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Ivonne Ortega debió competir en la interna del PRI con Meade


En mi opinión personal, Aracely Ivonne Ortega ex aspirante del PRI a la presidencia, debió cotizarse un poco más y no precipitarse en salir corriendo a adherirse a José Antonio Meade, ya había recorrido el país dos veces, tenía trabajada una base social y particularmente de priístas al grado que había configurado ya una corriente a su favor.
Era portavoz de un discurso crítico, rebelde y opositor al “dedazo”, aseguraba que su lucha era hasta el final para ser considerada como precandidata, pero pasaron los días del “destape” de Meade Kuribreña y guardó un silencio sepulcral, y discretamente acudió a Los Pinos, le programaron una cita con el precandidato triunfador y sin el menor cuestionamiento y ningún empacho “bajó banderas” y sin ningún recato, anunció su adhesión a su precandidatura.
En lo personal, pienso que se adelantó un poco, no le cuestiono que se haya sumado a Meade, sino que se precipitó y no guardó las formas, pues me extrañó, que había afirmado a sus seguidores, y eso me consta, porque tuvo una reunión en mi domicilio particular en donde le organizamos una comida con un centenar de priístas, a quienes aseguró que iba contra el “dedazo” y que exigía una convocatoria abierta para participar. Lució entre los comensales, como una mujer valerosa.
Pero, para ser consecuente con su discurso rebelde que pronunció por todo el país, debió pedir una contienda interna a su partido, y convocar a sus seguidores que creyeron en ella que iba en serio, conminarlos a participar en una contienda interna, de haberla exigido y después de consumada ésta -obviamente, la estructura partidista iba a echarse a andar a favor de Meade- y para ser congruente con su discurso, esperarse a que se concluyera aunque fuera un simulacro de elección interna, entonces sí, salir a levantarle la mano al no priísta “Pepe Toño” Meade.
Hizo un revuelo nacional, que entusiasmó a muchos priístas de México que ilusamente creímos en su discurso que iba contra el “dedazo”, un discurso crítico y rebelde a las viejas costumbres partidarias de la cargada, pero “cae más pronto un hablador que un cojo” y calló muy pronto, a los días, sin ningún recato, anunció su adhesión y reconoció que Meade era el mejor. Exhibiendo cajas de supuestas firmas, de las que nunca me di cuenta que pidiera.
Lo cual hizo que muchos de sus seguidores supongan, que hizo ésa rebeldía por el país, sólo para cotizarse y poder precipitadamente venderse caro al ganador, no guardó las formas de agotar el procedimiento enunciado en la convocatoria y concluir el recurso de una elección interna.
Por respeto a sus seguidores, a quienes arengaba y aseguraba su convicción democrática que iba a exigir a su partido, debió haber sido más congruente, pero sólo pasaron unos días y después de un silencio sepulcral, los dejó “colgados de la brocha” a quienes creyeron en ella y le apostaron económicamente.
Sin ninguna consulta a la que estaba obligada hacer entre sus simpatizantes y una explicación, y sin guardar las formas de congruencia, “corrió” a adherirse, y proclamar a los 4 vientos que Meade era el mejor, ¿Entonces para qué se quería postular si “Meade es el mejor”? no le decimos que no se hubiera sumado, pero se hubiera esperado un poco, para tener congruencia y dignidad, lo hubiera hecho guardando las formas.
La ex diputada federal con licencia, ex senadora y ex gobernadora, desencantó a muchos de sus seguidores, porque no guardó las formas de dignidad y congruencia con su discurso y hay quienes de sus ex seguidores, piensan que su supuesta lucha por democratizar al partido, sólo era un ardid para cotizarse y venderse caro. Y hay quienes –con justificada razón- sienten que sólo fueron utilizados.
De haber exigido se cumpliera al pie de la letra un proceso interno, hubiera hecho historia, en el que todos ganarían; el PRI se habría visto bien al abrirse a la democracia entre su militancia, José Antonio Meade no hubiese corrido riesgo de perder, pues la estructura la hubieran echado andar para cobijarlo y se hubiese legitimado al salir fortalecido de un proceso interno.
Ivonne Ortega, hubiera ganado congruencia con quienes confiaron en ella, logrando un gran respeto del priísmo nacional y, además, lo más importante, se habría borrado el PRI, el estigma del “dedazo”, lo que callaría la boca a los que con justa razón critican ésa vieja práctica antidemocrática. Todos hubieran ganado, el PRI, Meade e Ivonne. Ahora yo no la volvería a recibir en mi casa, por oportunista. No fui ingenuo sino le quise dar el beneficio de la duda y que, por ser una dama, iba a honrar con congruencia personal su discurso. Qué fiasco, nada más nos usó.