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Juárez: Padre de la República

“El polvo que piensa 

no vuelve al polvo”:

Jesús Urueta

La historia es mucho más que la narrativa de los hechos, es entender las razones y las ideas políticas que motivan las luchas de los pueblos para construir su destino. El surgimiento de México como país independiente, está marcado por una serie de acontecimientos en los que la libertad y la justicia han sido los valores protagónicos de todas nuestras luchas históricas. Así fue desde principios del siglo XIX hasta esta segunda década del siglo XXI. Desde los sueños libertarios  –en 1808 de Francisco Primo de Verdad, de Francisco de Azcárate y de Melchor de. Talamantes, que fueron precursores de la guerra de independencia-; después proclamada por el padre de la patria Miguel Hidalgo I Costilla, desde la parroquia del pueblo de Dolores, aquella madrugada gloriosa del 16 de septiembre de 1810. Desde entonces el pueblo mestizo, criollo e indígena, que habitaba el territorio de la Nueva España, comenzó a trazar su existencia como país libre y soberano. Así pues, entre altibajos, entre victorias y derrotas, entre hechos heroicos y traiciones,  de nuestra existencia como nación libre de ataduras y de injusticias, se ha ido construyendo nuestra identidad nacional. Nuestra mexicanidad, tal como acuñó este concepto el ilustre mexicano Andrés Serra Rojas. Cabe señalar, que en la guerra Insurgente, este territorio de la Nueva Vizcaya – que a partir del México independiente se llama Durango- dio a la nueva patria a uno de sus guerreros más significados: Guadalupe Victoria, nacido en el pueblo de Tamazula.

En el contexto geopolítico de ese tiempo, cabe señalar que en 1823, el presidente de los Estados Unidos de América James Monroe proclamo su doctrina “América para los americanos” –frase que se atribuye a John Quincy Adams-, estaba marcando la línea roja para que Europa no interviniera en los asuntos de los nacientes Estados del continente americano; al menos esa es la línea positiva de esta doctrina de política internacional, política que favoreció la lucha del presidente Juárez contra la intervención francesa; de ello dejó testimonio el presidente Lincoln -por eso en los Estados Unidos de América, cada año, se recuerda la batalla del 5 de mayo, en la que el Ejército Mexicano derrotó al Ejército Francés-. 

Después de legitimada la existencia política de México en la Constitución de 1824; tuvimos que pasar por la experiencia de afirmaciones y negaciones de nuestra identidad patria. Durante más de tres décadas vivimos lo que el maestro Jesús Reyes Heroles llamó “La sociedad fluctuante”. La inestabilidad en el cargo de algunos presidentes; la separación de Texas en 1835; la invasión norteamericana en 1846-1848; la guerra civil entre liberales y conservadores como consecuencia de las Leyes de Reforma; así como la intervención francesa de 1861-1867 que estableció un gobierno monárquico en nuestro país, usurpando la soberanía del pueblo mexicano; fueron lecciones que forjaron la fortaleza de nuestro pueblo y le dieron sentido de patria a nuestro destino histórico.

En este escenario, se reveló la figura patriótica de Benito Juárez. El ilustre pastorcito zapoteca que estaba destinado a ser no solo gobernador de su Estado de Oaxaca, sino también presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y desde luego Presidente de la Republica. A Juárez le tocó –junto con la destacada generación de políticos patriotas que lo acompañaron- lidiar contra los enemigos de la soberanía popular y de la República. Las Leyes de Reforma al trazar la separación del estado y la iglesia, definieron el rol social que cada una de estas instituciones tiene en el pueblo de México. El laicismo no es la negación de religión alguna. El laicismo define las acciones que les corresponde desempeñar a  los poderes públicos, sin influencia de algún credo religioso. Benito Juárez estuvo a la altura de su desafío histórico, al defender con inteligencia, valentía y determinación insobornable la soberanía del pueblo mexicano y la institución de la Republica –incluso en su ruta itinerante por el norte del país-. Apropósito, cabe señalar que Durango aportó, no solo al ilustre periodista Francisco Zarco –diputado y cronista del Congreso Constituyente de 1856-1857-, sino también al destacado liberal de Nazas, Durango, Silvano Torres Flores, quien protegió a Juárez cuando viajaba a Paso del Norte ¿Cómo olvidar que fue Juárez y la brillante generación de políticos de su tiempo, que supieron escribir con vocación libertaria y espíritu republicano, la Constitución de 1857?. Finalmente, vale recordar que Juárez, el padre de la Republica, nos legó dos prácticas institucionales de gobierno: a).- Implemento la educación pública, laica y gratuita. b).- Estableció -basado en la experiencia de las dos invasiones extranjeras que sufrió México- el principio rector de nuestra política exterior, escrito en el artículo 89 de nuestra Constitución Política, fue expresado en su apotegma “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Este principio juarista también fue replicado en la Carta de Bogotá, cuando se creó la Organización de Estados Americanos. Por cierto, en nuestro tiempo, en Latinoamérica se ha abandonado este principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos. ¿Por qué…?

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