La ciudadanización de la que tanto hablan y tanto temen


La ciudadanización es un tema fundamental en este tiempo, es la posibilidad de que se rompan los controles políticos de un sistema deteriorado. La clase política actual ha entrado en desgaste profundo.
La salida está no solo en implementar políticas públicas de fuerte impacto social y apoyo al pequeño y mediano empresario para reactivar la economía interna y la generación de empleos, tampoco en construir mecanismos, instrumentos, instancias, leyes o reglamentos para que se transparente y haga más honesta la vida pública.
Esto no se logrará si son los mismos que tienen secuestrada la vida pública los que se apunten para aplicar el cambio, pensarlo así es absurdo, los cambios no pasarán de ser meras quimeras.
Por eso sostenemos que la ciudadanización de la vida pública y las decisiones políticas son fundamentales, una manera de romper el cerco mental de hacer gobierno atendiendo intereses ajenos a la ciudadanía, evitar los arreglos perversos e ir construyendo un nuevo modelo que garantice honestidad y equidad.
Tampoco creemos en la sustitución accidentada y repentina de los que forman parte de la clase política, eso traería alto riesgo social porque se caería en improvisaciones costosas.
La construcción gradual del nuevo modelo debe de ser a nivel teórico y práctico, los cuadros emergentes deben salir de las universidades, con nueva visión de la realidad social, de sus necesidades y sus alternativas, del manejo intereses sociales no de facción ni personales.
La ejecución de nuevas políticas públicas deben partir de ciudadanos con capacidad, comprometidos con la realidad social. Ciudadanos con trayectoria honesta, que no lleven tras de sí una larga cola de corrupción, impunidad y oportunismo propios de vivales.
A los gobiernos y a los partidos que conforman el sistema actual les gusta mocho el modelo ciudadanizado y el gobierno abierto, pero solo en el discurso, ni una sola concesión real, poner candados a la ciudadanización y a la transparencia, correr cerrojos para que ni siquiera se asomen a ver la manera como gobiernan realmente, incluso cooptar para engañar, insertar ciudadanos de honestidad bajo sospecha para hacer maquillajes, establecer acuerdos con organizaciones balines para justificarse y de paso tomarse la foto.
Pero las cosas llegan al extremo, los funcionarios son abiertamente impuestos, haciendo a un lado perfiles, capacidades, experiencias. Ejemplos de estas imposiciones son las últimas designaciones en el Instituto Nacional Electoral, repartidas como botín de guerra entre los desprestigiados partidos políticos, o el nombramiento de una alta funcionaria en el INEGI, los nombramientos cuestionados y, en el colmo, las personas designadas mienten en cuanto a su formación académica y tan campantes dicen “no mentí, solo hubo irregularidades al decir la verdad”.
Por ello creemos que es la misma sociedad la que debe de presionar para que los ciudadanos se vayan insertando en la vida pública, que se creen espacios desde los cuales los ciudadanos con los perfiles adecuados sean partícipes de la forma como se ponen en práctica las políticas públicas, que sepan cómo y por qué se hacen las designaciones de funcionarios, si cumplen con los mínimos requisitos para ocupar los puestos, qué antecedentes tiene, si su trayectoria ha sido de compromiso o son trayectorias oscuras.
Es importante que comités de ciudadanos sepan cómo, con quién, para qué y montos de las licitaciones y si están apegadas a las normatividades establecidas. Que no se haga ninguna acción de gobierno sin la anuencia de los consejos ciudadanos, los cuales tengan capacidad de veto, y no solo eso, de denuncia ante hechos irregulares.
Creo que el solo leer estas sencillas propuestas, a los políticos de altos, medianos y hasta bajos vuelos se les irá la sangre hasta los talones, se les erizarán los cabellos y se les caerán los “chones” de puro miedo. O no.