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La Conjura de los Corruptos

A pocos sorprendió que la fiscal general del Estado, Sonia Yadira de la Garza Fragoso, informara que, como resultado de las investigaciones y de acuerdo a las declaraciones de los involucrados, se determinó que no existió algún tipo de desvío de recursos por parte del ex Delegado de la Secretaría de Desarrollo Social, Javier Hernández Flores, esto ante el señalamiento que semanas atrás realizó Roberto Hernández Bruciaga, ex coordinador del Programa de Empleo Temporal.
Quienes en redes sociales se manifestaron con asombro ante tal hecho, seguramente no recordaban como en febrero del 2014, en esa misma dependencia, salió a la luz el caso de la clonación de tarjetas bancarias, a través de las cuales los inscritos en el programa “65 y Más” accedían a un apoyo superior a los mil pesos mensuales.
En ningún momento la SEDESOL fue capaz de responder satisfactoriamente a tales denuncias, y simplemente se limitó a remover de su cargo a Alejandro Márquez Pérez (entonces coordinador de dicho programa), quien también fue criticado por nunca dar de baja a todos los beneficiarios fallecidos y cobrar puntualmente a nombre de ellos.
Finalmente, con el paso del tiempo y a pesar de su gestión turbia, Márquez Pérez fue designado como titular de la SEDESOE, instancia desde la cual realizó despidos injustificados, según señalan algunos ex trabajadores de dicha dependencia, además de ser él quien, de acuerdo a las declaraciones de la fiscalía, pidió a Hernández Bruciaga resguardar los miles de víveres, despensas, paquetes de papel higiénico y barricas de pintura en sus bodegas.
A la fecha, son muchos quienes creen que algo similar pasará con Javier Hernández, se apostará al olvido y se le protegerá con la otorgación de algún otro cargo en el 2018, de ser así quedará aún más en evidencia la existencia de una conjura entre una serie de personajes oscuros, que velan por sus intereses y protección mutua.
La corrupción evidente en las Secretarías de Desarrollo Social (tanto federal como estatal) es un problema sumamente importante y de gran trascendencia pública y no debería quedar a la deriva.
Hoy en día, con el inminente cambio de administración, la mesa está puesta por igual para interrumpir la tradición con un antes y un después moral en estas materias o para repetir, corregido y aumentado, el desmoralizante espectáculo de ver crecer nuevas fortunas, hijas no del mérito sino del favor público de siempre.
Así pues, se vislumbra una oportunidad dorada para empezar a combatir de fondo este mal, y esto será posible siempre y cuando se entienda que la corrupción no es una causa, sino un efecto. Elemento capital para poder entender la lógica de los sistemas corruptos.
Todos nos preocupamos por el problema pero creemos que lo que ocurre es que, como somos demasiado corruptos, no funciona el sistema, no funciona la democracia, no funciona la ley, cuando es exactamente al revés. Cuando no funciona el Estado de Derecho, cuando no funciona el sistema institucional, se produce la corrupción como una alternativa para que muchos aspiren a ser funcionarios, no con el afán de servir a la sociedad, sino para desarrollar diferentes actividades ilícitas a la sombra de una conjura entre corruptos.

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