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La fragilidad del hombre…


En estos días de fiestas y de reflexión abordamos un tema que para nada se acerca a la política, sin embargo, muchos de nuestros políticos son frágiles, al no poder dominar las circunstancias de la vida.
Las circunstancias no hacen frágil al hombre, lo muestran tal cual es. Imitación a Cristo.
La palabra frágil describe la debilidad o la inconsistencia que algo presenta, ya sea una persona o una cosa. Cuando algo se califica de frágil es evidente que se fractura o despedaza con facilidad, lo que es frágil carece de vigor y de entereza; lo frágil es también breve, caduco y puede malograrse con mucha rapidez, tal es el caso de aquellos que van por la vida siendo frágiles y viviendo así frágilmente.
Esos, los que se sienten maltratados por los demás, por las situaciones y por la vida, esos, los que se ponen detrás y delante de las circunstancias: delante para programarse y detrás para justificar su proceder. Esos, los que nunca tienen nada bueno que decir de nada ni de nadie, los que siempre se sienten heridos y se han vuelto desconfiados, los que han perdido los criterios para valorar el bien, los que explotan a la primera de cambio, los malvados, los fríos, los tibios y los soberbios, los que toman venganza, los envidiosos, los traicioneros, los vendidos esos, los que dicen que son como son, y sin posibilidad de cambio, porque la vida los ha hecho así y le diré algo no ha sido la vida la responsable, han sido ellos que se han hecho a sí mismos y… los hay que eligen hacerse muy mal. Eligen hacerse muy mal así mismos los que se construyen a partir de su dolor y de la peor parte de su ser, los que no han podido levantarse de sus caídas, los que no olvidan, los que no se perdonan a sí mismos ni a los demás, los que han cedido al desencanto los que han elegido despojar a los demás para destruir y destruirse los que creen y sienten que detrás de su apariencia fuerte y temperamental podrán defender esa fragilidad que no se atreven a fortalecer… que no se atreven a sanar. Los furiosos, los molestos, los enojados… créame sólo son personas atormentadas y efectivamente frágiles acorazados.
Todos en algún momento podemos sentir cierta debilidad es parte del sentir, del vivir la vida y de vivirse uno así mismo en ella, y no es malo saber que se siente lo que se siente y no es malo trabajar en buscar una solución y no, no es malo reconocerse en ese estado; es malo negar que se siente, mentirse uno así mismo aparentando una fortaleza inexistente, porque es bien sabido que las conductas exageradas no son auténticas, sino más bien, la careta contraria, directamente proporcional a aquello que se desea encubrir.
No se deje engañar, la fragilidad suele esconderse detrás de fortalezas endebles, valentías dramatizadas, ímpetus errados, conductas contradictorias y sobre todo detrás de un rostro desencajado y un enojo desmedido.
Por eso, hoy le invito a mirar más allá de esas conductas excedidas, a no tomárselo nunca personalmente cuando alguien se presente así frente a usted y a comprender la importancia de saber sentir y de saberse sentir a uno mismo en cada momento, porque la evasión emocional nunca será una buena aliada para su evolución. Recuerde que las emociones, como todo, necesitan también un proceso de maduración.
Es en las grandes circunstancias de la vida dónde el carácter se pone a prueba y dónde uno se conoce más a sí mismo.
Déjese sorprender por esa parte de usted que no conoce y que es probable que le presente un nuevo panorama sobre su valía. El amor propio necesita pruebas y necesita que esas pruebas se superen. Reprimir y evadir las emociones o creer erróneamente que la vida o las personas tienen el poder de transformarlo a uno en su peor versión no es más que la conducta que elige el que antes de luchar ya se siente derrotado.
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