MINUTO X MINUTO

La inestabilidad y las medidas gubernamentales


Según el INEGI, la confianza de consumidores cayó a un nivel mínimo histórico, el gasolinazo de febrero se suspende por dos semanas y el salario mínimo perdió 3% de poder adquisitivo ante el gasolinazo de enero, pudiendo llegar hasta un 5% según la STPS. Ante éste panorama ¿Un llamado a la “unidad nacional” y la campaña “Hecho en México” son respuesta suficiente?
En primer lugar, la unidad nacional será un aliado ante el nuevo panorama de las relaciones internacionales del país, pero la pregunta neurálgica es: ¿Unidad en torno a qué?, ¿en torno a quién? Definitivamente hay figuras públicas e instituciones tan desgastadas que sería incluso infructífero, e insultante, llamar a la unidad en torno a ellas.
Por un lado, se podría tratar de una unidad de nulos tintes partidistas que se centre en fortalecer el mercado interno, en infundir con acciones concretas confianza en los inversionistas (dentro de un panorama de cero corrupción y total apego a las leyes). Una unidad no sólo al interior, sino que se extienda a América Latina, estrechando los lazos comerciales y fraternales que tanto se han descuidado anteriormente. Una unidad que no se trate de homogeneidad, sino una donde quepan distintas propuestas, iniciativas y cualquier cosa que pueda abonar y fortalecer al país en estos días en que tanto necesita mostrarse fuerte frente al exterior.
Por otro lado, puede ser que el llamado a la unidad sea un llamado a perdonar errores del pasado y sumarse a mecanismos, visiones de país y agendas que no necesariamente convienen a los mexicanos. Se puede tratar de una especie de “borrón y cuenta nueva” justificado en la situación actual, un nuevo punto de partida que aglutine. Y es ésta unidad la que no le conviene a los mexicanos porque es muy propensa a estar al servicio de cúpulas de poder y de intereses ajenos al país. Ésta unidad puede ser una que sólo aparente estabilidad mientras sirve a intereses de una minoría, incluso partidista, incluso empresarial, incluso internacional.
En segundo lugar, la propuesta del Ejecutivo de reforzar el sello “Hecho en México” iniciará a toda prisa, tal vez como una de las primeras acciones que el gobierno tendrá que tomar ante el panorama de la renegociación del TLCAN. Se trata de diversas acciones para fortalecer la manufactura interna de diversos productos, promover el emprendimiento y simplificar la regulación gubernamental y los trámites que deben hacer los empresarios. Destaca que el gobierno federal promoverá que en las administraciones estales reduzcan requisitos, tiempos y costos para los empresarios.
Las propuesta puede sonar bien, sin embargo, con sello o sin sello, promover lo “Hecho en México” evidencia que los bienes y servicios 100% mexicanos son escasos, lo que es una llamada de atención más que significativa para replantearse el modelo económico mexicano. Los críticos más sutiles a esta iniciativa ya apuntan que empresas extranjeras buscarán conseguir el sello apelando a que “algunos” de sus procesos de venta o distribución involucran manos mexicanas. Otros simplemente consideran que la medida no está a la altura de la situación.
Así, la inestabilidad económica continua para desgracia de todos.