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La izquierda moderna nos da risa

Fui militante de izquierda por una década en el Partido Comunista Mexicano, un partido sectario, dogmático, flagelante, de un heroísmo mal entendido y cerrado estalinismo, pero sin duda, cautivante. Los intelectuales más destacados de México pertenecían a este partido, a otros los habían expulsado.
En ese partido nostálgico se militaba con pasión, en Durango, éramos un puñado que parecíamos cientos, donde quiera estábamos dando la polémica y militando en alguna organización, yo fui sindicalista, mi trinchera durante ese tiempo fue la UJED, con pequeña participación en otras áreas, como la campesina y la urbana.
Un mal día la línea fue integrarse a la formación de un partido amplio, primero fue el PSUM, luego el PRD, yo ya no le entré a esa aventura, la tesis de varios compañeros fue que el estado terminaría cooptando y corrompiendo, se olvidaría la lucha social y se entregarían solo a la lucha política por candidaturas. El tiempo nos dio la razón a los ahora viejos militantes comunistas.
Me viene a la mente porque sabíamos que la lucha es larga, llena de tropiezos, traiciones, abandonos y muchos riesgos, era lucha de convicción y de enfrentamiento ideológico. Por eso, aún quedamos sorprendidos de lo bajo que ha caído la llamada “Izquierda”.
Al igual que el PT en sus tiempos de gloria, arropados por el estado, de la mano del gobierno y el que agarró, agarró y el que no se fregó, de ahí el empoderamiento económico de dos o tres vivales que aún pululan por ahí, viviendo del presupuesto y tejiendo grillas baratas.
No deja de llamar la atención como la dirigente Nacional del PRD Alejandra Barrales Magdaleno junto al líder del PAN Ricardo Anaya anuncian una alianza estratégica para las elecciones del 2018. Ninguno de los dos consultó a sus agremiados y la señora Barrales tuvo que retroceder dos pasos, pero volverá después a imponer la línea trazada desde el gobierno por sobre la opinión de la mayoría.
La señora Barrales llamó histórica esta alianza, cuando la verdad es que es un enfrente para frenar a López Obrador, que por cierto, López Obrador no es de izquierda, es un disidente priista que hoy tiene todo para ganar la Presidencia de la República con un movimiento amplio en donde caben todos, desde honestos hasta corruptos, pero sin duda su discurso es interesante, se confronta con el poder y eso ya es ganancia en un momento de sumisión total.
Así, los llamados de izquierda del PRD se unen a la derecha, repentinamente el PRD empieza a tener juego en medios, sale en Televisa, en muchos medios funcionales al estado, lo promueven, casi lo llaman el milagro mexicano, es parte de la negociación para tronar el avance de Morena sin duda.
El candidato perredista en el Estado de México Juan Zepeda se convierte en sorpresa, en revelación política, surge de la nada hasta hacerse -según ellos- competitivo, con una maquinaria, un financiamiento, una logística que impresiona, otra campaña de estado sin duda. El Objetivo no es la gubernatura, el objetivo es Josefina Gómez, quitarle votos, agredirla, solo hay que escuchar el discurso del PRD y su hermano el PAN en el Estado de México, 90% de ataques a López Obrador y a Josefina Gómez y 10% de señalamientos al PRI la candidata de Morena.
Alejandra Barrales que salió ilesa de sus denuncias por corrupción, quizá amparada, protegida y negociada por el estado. Ahora es la luminaria que conducirá al PRD y al PAN a la toma de la Presidencia de la República, lo quieran o no sus militantes. Así es el PRD en todo el país, mudo, ciego, inmóvil, esperando las sobras que le den en cada elección y enriqueciendo vivales.
De su discurso en favor de los de abajo nada, de su lucha contra los poderosos nada, de su compromiso con la democracia nada, contra la impunidad nada, de su proyecto de nación nada, contra los corruptos nada, contra la delincuencia nada, por muertos y desaparecidos nada.
Por eso, ahora, a los que fuimos militantes comprometidos y no nos volvimos oportunistas, corruptos y parásitos, la izquierda moderna nos da risa. O no.

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