MINUTO X MINUTO

La kriptonita Duarte


Yuriria Sierra

Ya había yo contado en este espacio, como en los tiempos de campaña para renovar la gubernatura veracruzana, Javier Duarte iba por la vida revelando (a todo aquel que quisiera escucharlo y presa de su propia fascinación consigo mismo) que él ya había pactado con AMLO apoyar al candidato de Morena en Veracruz para crecerlo, y frenar así a Miguel Ángel Yunes y facilitar el triunfo del candidato de su candidato, el candidato tricolor. Le brillaban los ojos cuando detallaba los pormenores de su menjurje electoral, completamente convencido de que su grilla no tenía pierde: Morena no ganaría, pero el PAN tampoco: ganaría el PRI. Y sorpresa: el PRI fue derrotado. La anécdota viene al caso por muchos factores: 1) Porque la clase política mexicana no ha entendido que la forma de ganar elecciones ha cambiado drásticamente en el país. 2) Porque la podredumbre del sistema alcanza para embarrarlos a todos. 3) Porque al “tema Duarte” todos están buscando convertirlo en una bomba atómica, sin darse cuenta de que en realidad es un misil que apunta en todas las direcciones. En su nerviosismo (felizmente, diría yo, porque quedarán limpios sólo quienes, efectivamente, no tengan pólvora marca Duarte entre las manos) ya prendieron todos la mecha de que lo hará estallar.
Desde la noche del sábado, las redes se han inundado de fotografías en las que se ve a Javier Duarte junto a una larga lista de funcionarios. Estas imágenes buscan asociar ipso facto a aquéllos con el exgobernador veracruzano que el miércoles se reservó el derecho y no aceptó su extradición, porque quiere antes leer la petición formal que el gobierno mexicano presentó al guatemalteco. También, después de su detención, comenzaron a salir quienes quieren “desde ya” curarse en salud para esquivar cualquier intento de asociación con Duarte. “Detienen a Duarte para simular que combaten la corrupción. Pero el pueblo no se conforma con chivos expiatorios…”, escribió AMLO al mediodía del domingo 16, cuando el exgobernador tenía apenas unas horas arrestado. Lo llamó un “chivo expiatorio”, como si Duarte fuera una pobre blanca palomita que alguien lleva al monte de los sacrificios. Y ese tuit no ha sido el único con el que AMLO ha querido desmarcarse. “Lo que llama la atención en la detención de Duarte es que Peña salió, además de corrupto, traidor… Duarte le entregó dinero a Peña para su campaña…”, le dijo a Reforma en un mitin de Delfina Gómez. ¿Cómo? Sin defender a Peña ¿Acaso la declaración de AMLO no se traduce en que, según su pensamiento, los presidentes estarían obligados a tolerar todas las corruptelas? Híjole.
“Debe fincarse responsabilidad legal y electoral por los millones de pesos que López Obrador y su partido recibían mensualmente de Duarte para la campaña en Veracruz y para otras entidades…”, se leía en un comunicado enviado por la oficina del dirigente nacional del PRI. Claro: como no fue el PRI el que lo hizo gobernador y el que se hizo ojo de hormiga ante todos sus abusos… híjole.
Todos parecen estar nerviosos. Desde aquellos que se ven en las fotografías, en las que se les ve abrazados o en algún acto oficial junto al exgobernador veracruzano. A varios funcionarios se les recordaron los tuits de felicitación que enviaron a Duarte. Incluso, Raymundo Riva Palacio recordaba en su columna un asunto del que no hay una prueba más allá de anécdotas: “Cuando el mexiquense ganó la elección presidencial, le hizo un regalo sin par: un Ferrari. (…) Duarte asegura que sí lo entregó y que por razones obvias, lo guardó”. En efecto, aún con las varias investigaciones periodísticas que se han hecho alrededor de la figura presidencial, no se ha encontrado rastro alguno del coche. Para efectos mediáticos y electorales, algunos hablarán del pacto en lo oscurito con El Peje, y otros del Ferrari envuelto con los atentos saludos de Javidú.
La kriptonita que se convierte en tal porque es absolutamente verosímil. En una esfera política como la nuestra —por su muy desafortunada tradición— hay espacio para pensar que sí, que detrás de cada imagen, de cada tuit, de cada explicación no pedida, hay una posibilidad real de nexo con el exgobernador hoy encarcelado en Guatemala. Porque si existe un piso parejo para todos, ése, sin duda, es el que (piensan todos ellos) garantizará la impunidad. Hasta que un día no. Y no por la posibilidad de la cárcel, si no porque la ciudadanía y el electorado ya aprendió cómo castigar todos y cada uno de esos actos de abuso, de engaño y de simulación.