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La lucha al interior de la Iglesia


El 13 de marzo pasado el Papa Francisco, de 80 años, cumplió cuatro años de haber asumido la responsabilidad de conducir a la Iglesia católica que ahora tiene 1,300 millones de fieles, casi la mitad en América Latina, 400 mil sacerdotes y cinco mil obispos, según el Vaticano.
En poco tiempo, solo 48 meses, el Papa ha hecho cambios sustanciales en la Iglesia: ha modernizado y limitado el poder de la Curia Romana, terminó de resolver los problemas del banco que tiene la Santa Sede, nombró a 49 nuevos cardenales electores, los útimos cinco este 22 de mayo, y ha optado por una vida más sencilla.
El proyecto de cambio se enfrenta al rechazo y resistencia de los sectores más conservadores y acomodados en el aparato eclesial. El papa con inteligencia y habilidad política ha sorteado los embates en su contra y hecho que su proyecto de cambio rompa inercias y avance en el propósito de reformar la Iglesia.
Los vaticanistas sostienen que el Papa busca la evolución de la institución y no la ruptura. Avanza midiendo siempre la correlación de fuerzas, para evitar las resistencias excesivas, y así poder seguir avanzando. El Papa sabe que más vale cambios sólidos, aunque sean pequeños, que acciones espectaculares que pronto se van a caer o no van a ser asumidas por la mayoría de los obispos.
El proyecto de renovación del Papa implica una Iglesia que no esté obsesionada con la moral sexual, que acoge a los fieles y no los descalifica, que viva la pobreza y sencillez, que siempre esté abierta al diálogo y que privilegia el contacto con los más débiles y pobres. Él sabe que para dar continuidad al proceso que ha iniciado necesita garantizar un relevo que lo apoye.
Una condición para que esto ocurra es que, de los ahora 121 cardenales electores, necesita que las dos terceras partes, 80 de los mismos, en el caso de que se celebre un cónclave dentro de cinco años, sea mayoría y elijan a otro Papa que siga la línea del cambio. En los años por venir se ve muy posible la transformación del perfil del colegio cardenalicio.
Los cardenales que encabezan la resistencia contra el Papa Francisco son tres que fueron nombrados por el Papa Benedicto XVI: el alemán, Gerhard Müller; el guineano, Robert Sarah y el estadounidense, Raymond Burke, el más combativo. Los tres forman parte de su entorno cercano del Papa. Medida por lo demás inteligente. Eso le permite estar al tanto de sus movimientos. No da lugar a las sorpresas.
El trato que el Papa Francisco da al Papa Benedicto XVI, aseguran los vaticanistas, ha neutralizado cualquier acción de éste para ponerse, aunque sea de manera simbólica, del lado de los que se resisten al cambio. Todo indica que la elaborada estrategia del Papa jesuita le ha permitido avanzar en su proyecto y neutralizar a los que quieren impedirlo.

Twitter: @RubenAguilar