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La lucha sigue y sigue… por la Rectoría

Aún no inicia la contienda electoral por la rectoría de la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED) y las cosas se ponen interesantes. Cerca de una docena de aspirantes a la candidatura aparecen en el escenario. El requisito para ser candidato oficial es que tengan un aval de 250 firmas de concejales con derecho a votar; esto hace que algunos de los aspirantes busquen acuerdos para buscar alianzas, acuerdos que sin duda tienen que ver con posiciones de poder dentro de la Universidad.
Otros aspirantes retiran su candidatura por el escenario adverso que se les presentó, como es el caso del exdirector de la Escuela de Odontología, doctor Reyes Escalera, que ante la renuncia de Erasmo Návar queda en debilidad; para no pocos confirma que era el candidato de rectoría.
En los próximos días veremos movilidad, unos que sumando restan, y otros que restando suman, en las contiendas electorales no funciona Pitágoras y aguas, creyendo fortalecerse con las alianzas quizá muchos pierdan más, esto siempre será un albur, los simpatizantes no se transfieren, está más que demostrado.
La Comisión Electoral deberá ponerse las pilas e inventar algo para que no se le escape el proceso electoral. Ya visualizan escenarios de guerra sucia, aspirantes a los que se les señala de muy “alegritos” o “galanes”. Desde nuestro punto de vista no está prohibido, no son aspirantes a la canonización, pero hay una cosa cierta, en toda contienda electoral, y particularmente para la Rectoría de una Universidad, “el fondo es forma”, si la imagen se deteriora puede costar votos importantes.
Si bien las fotografías y los señalamientos con nombres cuentan y cuentan mucho, hay otros ataques francamente preocupantes y hasta peligrosos que salen de los sótanos mal olientes de las precampañas. Así, circula de boca en boca, de oído en oído, cuchicheando temerosos que los escuchen, que a uno de los aspirantes a la rectoría lo financian “los malos”.
Este rumor sale de las cloacas universitarias, surge de la infamia, se pretende sacar de la jugada a uno o varios contrincantes a los que consideran con posibilidades de ganar la elección. Esto no solo es inmoral, sino incluso peligroso, se puede poner en riesgo la integridad física de los candidatos calumniados, incluso de sus familias. Quien, o quienes usan este tipo de bajezas para descalificar, no merece la rectoría de la UJED, aseguraríamos que con el poder ejercerán la intolerancia y la represión abierta o sutil contra críticos y disidentes.
Quienes pueden hacer que el proceso electoral en la UJED esté a la altura de una universidad, más que el encargado de la rectoría doctor Alan Arroyo, es la Comisión Electoral, ellos regulan el proceso y son responsables para que se apliquen los términos de la convocatoria.
La Comisión Electoral debe regular conductas y actitudes no contemplados en la convocatoria que puedan poner en riesgo a la misma institución como sucedió en 1986, que se salió de control todo y se terminó por actuar al margen de la Ley Orgánica y el reglamento general, con la intromisión abierta del Gobierno Federal y Estatal. Quizá desde entonces los rectores han sido legítimos pero no legales.
Por lo pronto, los candidatos intentan posicionarse con el manejo de encuestas dudosas, sin metodología, apócrifas y que tienen fuerte olor a mentira. Aunque hay sondeos realizados por comunicadores y medios de comunicación debidamente firmados, también son discutibles como todo. Para nosotros las encuestas tramposas son un recurso de debilidad más que de fortaleza. En estos avatares, la lucha por el poder universitario sigue y sigue. O no.

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