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La maternidad es una elección


En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer conmemorado el pasado 25 de noviembre es importante mencionar la necesidad de hablar de la violencia de género con mayor frecuencia y posicionar este tema dentro de la agenda pública nacional y estatal. ¿Por qué? Porque México es uno de los países con más altos índices de violencia contra la mujer en el continente y porque a escala mundial es un país que ha postergado en el aspecto legislativo la integración de nuevas demandas sociales referentes a cuestiones de género.
La violencia contra la mujer tiene cientos de caras. Es una violencia que muta y se adapta con increíble facilidad aun a los más grandes esfuerzos por limitarla. Es tal el arraigo cultural que tienen el machismo y los paradigmas de género que la violencia contra la mujer ha encontrado el modo de adaptarse a los cambios del sistema económico y del alcance que tiene hoy la educación (hay más mexicanos que terminan la educación básica, media y superior; sin embargo, no han dejado muchas de las costumbres violentas hacia la mujer lo que desvela claramente el fracaso que en este aspecto tiene el sistema educativo mexicano).
Dentro de las múltiples caras que tiene la violencia contra las mujeres preocupa particularmente la que se relaciona con el derecho a ser madres o a no serlo. Lo anterior lleva implícita la antigua creencia de que la labor principal o única de la mujer es la reproducción y a ésta nefasta idea debe sumársele otra, la de que “naturalmente” la mujer desea la maternidad e incluso por cuestiones biológicas está incapacitada para rechazarla SIN importar las circunstancias en que se haya producido.
Persistir como sociedad en una serie de ideas que idealizan la maternidad en el marco de lo supuestamente “natural” o “biológico” y negar a las mujeres la posibilidad de elegir libremente si desean o no ser madres es una cara feroz de la violencia contra la mujer. El derecho al aborto no promueve la muerte o la destrucción del núcleo social. Se trata dejar de obligar, presionar y hostigar a las mujeres para que aun contra su voluntad sean madres. La mujer no puede ser madre a la fuerza. La mujer no puede ser sometida por una sociedad tendiente a mandar en todos los aspectos de su vida. La maternidad es una elección. ¿Las mujeres y niñas violadas no merecen el derecho a elegir? Las niñas y mujeres que por distintas circunstancias tienen un embarazo no deseado y están a tiempo de realizar un aborto ¿No tienen el derecho a elegir? O ¿Total y definitivamente la sociedad conservadora seguirá sometiendo a la mujer para que sea madre aún contra su voluntad?
Negarle el derecho a elegir a las mujeres es parte de la violencia de género que ha imperado en la cultura mexicana. No se trata de promover abortos irresponsables sino de garantizar el derecho al aborto dentro de un marco legal con todas las regulaciones prudentes. Se trata también de evitar que un importante número de abortos ocurran en la clandestinidad poniendo en riesgo la vida de las mujeres que se lo realizan.
Forzar a las mujeres a ser madres NO es “natural”, es profundamente violento.