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La mujer priista defiende la democracia partidaria


La situación interna del PRI se vuelve por demás inestable, en estos momentos no hay liderazgo sólido, Ricardo Pacheco Rodríguez estaba solo como un presidente del Comité Directivo Estatal (CDE) de coyuntura y para salir al paso a las discrepancias de los priistas durante las elecciones, su papel estuvo muy lejos de ser un liderazgo sólido y de decisiones importantes.
Dos cosas perseguirá a Ricardo P acheco por mucho tiempo, el haber sido el dirigente del partido en la primera derrota del PRI después de 86 años, y haber salido a decir una hora después del cierre de casillas el 5 de junio que su partido ganaba por ocho puntos, y luego ser desmentido por su propio partido y luego por el mismo candidato a gobernador.
La cercanía de la entrega del poder estatal y municipal a los nuevos gobernantes crea un escenario bastante difícil para el PRI, conforme se acerca el día del cambio de poderes la autoridad pierde fuerza y los grupos que se sentían excluidos se reagrupan y se preparan a tomar posiciones de fuerza por los espacios del PRI.
El que se haya reventado la asamblea en donde se eligiera nueva dirigente del organismo de mujeres priistas y se obligara a reponer el procedimiento para la elección de la dirigente, es toda una señal de sublevación. Dejo de operar el método vertical y se exige que se tome en cuenta a la militancia y ahí están las mujeres priistas, dan un vuelco al PRI, se imponen, nadie puede exigir disciplina, en PRI se enmudece y acata el mandato de la militancia.
Si esto ocurre en cada uno de los organismos y sectores del PRI, estamos en el umbral de una revolución interna asombrosa; un proceso de democratización, de vida interna real y de esta manera la debilidad se irá transformando fortaleza.
Nos imaginamos que una vez que las mujeres logren la democratización en su organismo, discutirán un programa de demandas y posiblemente un plan de acción, las mujeres del PRI podrán ser el primer destacamento partidario que tome las calles y defienda sus derechos como mujeres, como militantes, como trabajadoras, como estudiantes, como profesionistas, como seres humanos.
En las Redes Sociales militantes del PRI empiezan a vetar a los candidatos perdedores para que ocupen puestos de dirección en los diferentes organismos partidarios, con razón o sin ella es una expresión que actúa sin temor y empiezan a reclamar los espacios no para los mismos, sino para una nueva generación de dirigentes que quizá se inclinen por dos vías, el estudio y el compromiso social, pero ya no por la elección de dirigentes por su cercanía con los poderosos.
y la disciplina se va entendiendo no como subordinación, ni acatamiento, ni sometimiento ni nada de eso, sino como la aceptación de una decisión democrática, ver eso en el PRI sinceramente nos deja pasmados.
Nosotros hemos sostenido que si no hay un viraje de timón en el PRI, sus días están contados, las mujeres priistas han dado un primer paso, si frena el proceso natural del cambio, el PRI no entendió este momento.
Leí que Francisco Labastida Ochoa afirmaba que la designación de Cesar Ochoa como dirigente nacional del PRI había sido por dedazo, y agregaba, así se hacen las cosas en el PRI, estamos de acuerdo, en el PRI de antes del 5 de Junio del 2016, ahora es otro boleto, el ciudadano esta empoderado, supo el valor de su voto, se atrevió y cambio todo el mapa político, si el PRI no entiende que también es una exigencia para el cambio de métodos y formas, de tirar a la basura esquemas mentales que dañaron, que llevaron al PRI a la derrota, que los grupos soberbios ya no operan, que se deben levantar demandas sociales y movilizarse por ellas, que la militancia de los partidos se debe de convertir en motor de la democracia, esa es la clave y el que no lo entendió ni modo, y si las los beneficiarios de la soberbia siguen con su esquema, está bien, el partido andará pelando llegar a los diez puntos en cada proceso electoral si bien le va.
Creemos que veremos una convulsión interna, el PRI será azotado por un tsunami, habrá destrucción y damnificados y ojalá que de las ruinas se levante un nuevo edificio que impulse un sólido proceso democrático, si no es así, su ciclo ha terminado. O no.