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Entre la pared y la espada

Pareciera que nos hemos acostumbrado a los problemas y a que las soluciones se posterguen por tiempo indefinido. La tónica de dejar que el tiempo acomode un poco o mucho las cosas para comenzar a tomar determinaciones ha sido la constante en los gobiernos de esta latitud del mundo. Pero también hay que señalar que es una tónica que nos heredaron aquellos que nos colonizaron, porque los nativos tenían otra forma de arreglar los problemas y en la mayor parte de las veces era derramando sangre. Él Gobierno de Enrique Peña Nieto ha entrado en crisis a causa de la ineficiencia de quienes lo acompañan en su gestión al frente del Gobierno Federal. 
La semana pasada el titular de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, señaló que las reuniones con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación le habían dejado un buen sabor de boca. Ayer mismo el Subsecretario Luis Enrique Miranda dijo que le entusiasman los foros que organizará el magisterio disidente para consultar a la ciudadanía acerca del destino de la educación. Mientras ellos tienen un buen sabor de boca y los entusiasma la consulta popular que realizarán los maestros beligerantes, el país comienza a entrar en una crisis brutal a causa de las consecuencias de las actividades desestabilizadores del magisterio disidente quienes hasta ahora han mostrado y demostrado poco respeto por los niños mexicanos a quienes debieran estar instruyendo para evitar condenarlos a la pobreza.
Los empresarios del país se hastiaron de la inacción gubernamental y decidieron emprender el camino por la vía legal porque el Gobierno Federal ha pecado de timorato y ha sido poco solidario con el sector productivo del país. Según establecieron los cálculos que han realizado, las pérdidas ascienden a más de siete mil millones de pesos, y fue por ello que promovieron un amparo para que la justicia federal les otorgue protección ante el abandono de la aplicación de la ley por parte del Gobierno Federal. 
Por eso aseguro que el Gobierno Federal ha entrado en una severa crisis, porque si bien las presiones de los rijosos maestros no preocupan a quienes lo encabezan porque se les paga con dinero público para que no se radicalicen, es decir del que ponemos los mexicanos vía impuestos, una mora en el pago del tributo empresarial, y sobre todo la exigencia de que asuma los costos de las pérdidas, lo colocará ente la espada y la pared. Los cálculos realizados en la Secretaría de Gobernación acerca de la conducción de la crisis y de la negociación con el magisterio disidente han resultado garrafales, y eso pudiera significar que ante la eventualidad de haber dejado de ser útiles al proyecto, algunos de sus principales funcionarios tuvieran que dejar la estafeta a otros con mayor capacidad de decisión y operación política. Creo que ha llegado la hora de que las decisiones se tomen en Los Pinos y no en Palacio Nacional. Si crece la crisis, este país puede romperse de forma irremediable. Al tiempo.

Vladimir.galeana@gmail.com

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