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La tecnocracia se impuso de nuevo a la clase política


Con Miguel de la Madrid empezó la tecnocracia a arribar a los primeros planos de la política nacional, sexenio en el que florece una casta de jóvenes egresados de las universidades extranjeras más exclusivas y caras del mundo, poco a poco los tecnócratas –sin que sea peyorativo el término- aparecieron en los primeros planos de la política nacional, ocupando los espacios de poder muy estratégicos y cuidadosamente escogidos.
Fue entonces, en ése gobierno, cuando los mexicanos sentimos en carne propia la aplicación de medidas tecnócratas y la disminución de áreas estratégicas del gobierno, que pasaron a manos privadas, con medidas novedosamente implementadas. Con magros resultados en la economía de los mexicanos.
Pero fue quizá el gobierno que le sucedió, el de Carlos Salinas de Gortari, rodeado de más tecnócratas formados en el extranjero, el que profundizó las políticas privatizadoras, enajenando medio millar de empresas del Estado, que pasaron a manos de quienes detentaban desde entonces el capital mexicano y añadidas las enajenaciones de las descentralizadas a capitales extranjeros.
Pero luego llegó a la Presidencia de México, un tecnócrata ajeno también de ropaje político, calificado como el personaje más tecnócrata de su tiempo, Ernesto Zedillo Ponce de León, sin ningún bagaje político, menos de elección popular, el tercer presidente en haber sido formado en universidades del extranjero, el más tecnócrata de los que habíamos tenido, producto de la tecnocracia pura, en sustitución de Luis Donaldo Colosio Murrieta, visto éste con más sensibilidad social y política.
Zedillo fue, el mandatario de México más alejado del partido que lo llevó al poder, el de “La sana distancia”, que lo desestabilizó con seis cambios en la dirigencia nacional, que lo desestabilizó, pero además, el que profundizó las medidas tecnócratas como su forma de gobierno, el que le dio la puntilla al Estado mexicano y a su sentido nacionalista, multiplicando sus privatizaciones.
De Vicente Fox Quezada, quien arribó al poder con las siglas del PAN, poco bueno se puede escribir, en donde prevaleció la frivolidad y la mediocridad, quien provocó un desencanto generalizado porque no movió “Ni un tornillo” para realizar los cambios prometidos y en vez de ello prevaleció la frivolidad y la intrascendencia.
Así, le sucede en el cargo otro panista con un apretadísimo y dudoso triunfo electoral, que habría de distinguirlo ante la historia con su magno acto de gobierno, para legitimar su dudoso triunfo, abrir las puertas de los cuarteles para combatir la delincuencia organizada a un alto costo de pérdida de vidas humanas.
Fue tan gris el gobierno del panista, que provocó el regreso del PRI al poder, en la persona de Enrique Peña Nieto, quién inició su mandato con un novedoso “Pacto por México” sentando a su lado a los partidos PAN y PRD, que le permitieron tener un armonioso inicio de mandato, diseñando un ramillete de reformas de Estado, que prometían que México diera el brinco al sendero del anhelado desarrollo, pacto del que –todavía- poco se ha visto y que sus avances, ahora son cuestionados por sus ex aliados panistas y perredistas.
Un sexenio en el que no se puede ocultar que los grandes temas nacionales más cuestionados han sido los conocidos y señalados casos de corrupción y la inseguridad que siguen estando presentes y en algunos casos han sido temas de escándalo con el ramillete de ex gobernadores y funcionarios que son acusados con índice de fuego.
La inseguridad es, junto con la corrupción, los grandes temas que preocupan a los mexicanos. Entramos así, a los tiempos sucesorios y es el grupo más compacto y cercano del presidente, que con todo el cálculo de Enrique Peña Nieto, hoy controla sin resistencia priísta, no sólo al gobierno, sino al PRI. Quedando fuera el único priísta con militancia que disputaba la candidatura, Miguel Ángel Osorio Chong.
Poco a poco EPN les ha ido soltando, a un ramillete de tecnócratas, las riendas primero de una buena parte del poder y ahora totalmente del partido, sin reservas, a un para que sean ellos, José Antonio Meade, Luis Videgaray, Aurelio Nuño, Enrique Ochoa Reza, y hasta Mikel Arriola, a quien les agrega a Eruviel Ávila, los que lleven las riendas de la campaña y de ser posible, del próximo gobierno.
Son los privilegiados por el presidente para intentar con todo el apoyo político y del aparato de las instituciones, un sexenio más de continuidad. En donde lo que más pesó no fue sólo su condición de no priísta o de economista tecnócrata que resulta atractivo para un segmento de panistas, lo que más definió que fuera Meade el elegido, fue su cercanía con el grupo más compacto, cercano y de confianza que rodea el presidente.
Es ése círculo de privilegiados los que hoy controlan a un partido en donde hay en el país, nombres de mucho peso como para ignorarlos, cuyas trayectorias no pueden pasarse por alto para las gubernaturas de Jalisco, Veracruz, Guanajuato, Morelos y Puebla y cuyos nombres elegidos conoceremos pronto.
Pronto vendrán los candidatos a senadores y diputados en donde debe predominar la clase política priísta, no se podrá ignorar a los que saben hacer campañas y han tenido más contacto popular, pero ahí también se colarán tecnócratas y cercanos al privilegiado círculo del poder, que serán cobijados con el manto protector de las plurinominales.