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¿Las actuales universidades públicas en el umbral de la extinción?

En cierta ocasión buscaba un libro en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). Se topa uno con gente interesante y así fue como con una de ellas tocamos el punto de las Universidades Públicas. 

Coincidimos que están en situación delicada y que su alternativa de solución no está en las universidades mismas, mi interlocutor me dijo algo que sin duda es una realidad sabida y callada: “la  mayoría de las universidades están tomadas por los gobernantes en turno, por grupos que las tienen secuestradas”. 

Son centros de intereses ajenos a la esencia y finalidad de la universidad histórica, no hay proyectos, solo el interés de controlarlas para maniobrar con los subsidios, no son centros académicos ni de investigación, salvo, dijo, excepciones que sí las hay y es lo que las salva un poco,  pero en lo fundamental son centros de enriquecimiento de unos cuántos, y vivir con confort a cambio de complicidades y silencios de otros muchos.

Fueron aseveraciones  que me dolieron como universitario de toda la vida. Un tanto molesto le pregunté que a su juicio qué deberían hacer esas universidades para salir de la crisis. Nada, me dijo, las universidades no van a cambiar por sí solas, será el cambio social, cuando este ocurra, el que las transforme, o las desaparezca. Este cuate está loco y es un fatalista, pensé. Nos terminamos un café y jamás lo volví a ver.

Hoy recuerdo esta charla y reconozco que mi interlocutor no solo tuvo razón, sino que tenía sólida visión del futuro de las universidades, quizá cinco años después, la transformación y las propuestas del Presidente lo comprueban.

Andrés Manuel López Obrador no fue a ninguna universidad pública como candidato. En su campaña, nuca o muy pocas veces se refirió a las universidades de provincia y fue a la UNAM a la única que hizo mención.

El Presidente de la República sabe perfectamente que la mayoría de las universidades son botines en donde priva la corrupción, el fraude académico, cultural, deportivo, científico y de investigación y que se han aislado de las necesidades del pueblo para guardar un silencio prácticamente cómplice. Son miles de millones de pesos los que se invierten y las universidades no regresan nada, solo profesionistas mal preparados. 

Dentro de las propuestas del presidente, está contenida la opción académica para la enseñanza superior que el pueblo de México reclama, la creación de cien universidades públicas, esto significa más de tres universidades por estado.

Las cien universidades serán propuesta de transformación académica ligadas con la sociedad, no al margen de ella como lo están actualmente. Universidades transparentes, con alto grado de responsabilidad, garantía de preparación, al margen de intereses políticos y grupos manipuladores y vividores, sin porrismo. La experiencia, a nuestro juicio, malograda de la Universidad del Estado de México que no se repetirá.

¿A dónde llevaremos a nuestros hijos a formarse? ¿A las universidades que engañan, mienten y son nido de corrupción y de mafias? O  a las que  se vayan a crear, en donde habrá la esperanza de que nuestros hijos y nietos se formen con calidad. Ya se escuchan voces de que el fin de las universidades púbicas tradicionales están llegando a su fin, también el tsunami del primero de julio se las puede llevar. 

Muchos creemos que las nuevas universidades serán centros de enseñanza que generan los profesionistas que requiere la Cuarta Transformación. O no

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