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Las campañas sucias

Comenzaron de manera oficial las campañas de los candidatos a la Presidencia de la República y entre lo más relevante está el tema de las acusaciones entre los mismos aspirantes. En otras palabras ha iniciado, además, el tiempo de la guerra sucia.
Una leyenda urbana muy difundida es aquella que cuenta que una persona que se supo huérfana desde pequeño, dijo en su juventud que de grande sería político para poder así encontrar a su madre. Efectivamente, incursionó en la política siendo un adulto y derivado de la guerra sucia de sus oponentes pudo entonces saber quién era su madre, cuál era su oficio y el lugar donde vivía.
En días reciente nos enteremos por los medios de comunicación de que en la Secretaría de Desarrollo Social, a nivel federal, se simularon contratos, poniendo en el ojo del huracán a su otrora titular, Rosario Robles Berlanga, y a su antecesor en el cargo, José Antonio Meade.
Por otro lado, circuló la nota que la empresa Manhattan Master Plan Development, S. de R. L. de C. V. que compró a Ricardo Anaya una nave industrial en Querétaro fue declarada como empresa fantasma definitiva por el Sistema de Administración Tributaria (SAT), lo que coloca al candidato del llamado Frente Opositor en una frágil situación, es acusado de lavar dinero.
Mientras tanto, llama la atención que al candidato puntero, Andres Manuel López Obrador, de momento las únicas notas negativas han sido algunas que él mismo se ha encargado de hacer circular: allegarse de personajes impresentables como Elba Esther Gordillo o como el palomear en la lista de candidatos plurinominales al Senado a Napoleón Gómez Urrutia el cuestionado líder del Sindicato Minero, como también está el caso de la polémica activista guerrerense, Nestora Salgado, a quien acusan de ser secuestradora.
En épocas recientes, los objetivos de las campañas electorales se encuentra en destruir la reputación del adversario en primer lugar y, después, en difundir su ideario, sus propuestas. Los sondeos de opinión al parecer han arrojado el resultado de que la corrupción es la principal queja o tema que agobia a la sociedad, por eso es que han salido a la luz dos imputaciones para abanderados del PRI y del PAN en ese sentido.
Siguiendo esa lógica, parecería que el candidato menos dañado en su imagen será el ganador. Lo peor de todo es que estas luchas abiertas por el poder se realizan bajo patrocinio del Estado. No solo porque las campañas están financiadas con recursos públicos etiquetados para contribuir a construir nuestra incipiente democracia. El tema de la guerra sucia, pareciera que poco le ocupa al Instituto Nacional Electoral. Los principios que constituyen el marco jurídico de las contiendas, hasta cierto punto, lo atan de manos, le imponen un margen de operación que no se puede rebasar por más que quiera.
Las campañas sucias, desafortunadamente, están tomando más importancia que las ideas, los programas y la persona, y aunque esto no es solo de ahora, si vemos con preocupación el incremento en esta práctica deshonesta. Las redes sociales, el internet siguen siendo terrenos sin regulación. Todo se vale. Todo tipo de gasto y de contenidos es posible. En esos lugares cibernéticos, las redes sociales, son el inmejorable foro para difamar y sacar trapos sucios de los candidatos. La función de los mensajes difundidos por esa vía no es generar debate de ideas, sino el denostar, difamar.
Donald Trump en Estados Unidos y en alguna medida Emmanuel Macron, en Francia, se vieron beneficiados por este tipo de campañas que van generando miedo e incertidumbre entre el electorado.
En nosotros está el no quedarnos con esa capa superficial que genera la guerra sucia. Conocer un poco más sobre el proyecto de nación de cada candidato debería de servir al momento de tomar una decisión y emitir el voto.

ladoscuro73@yahoo.com.mx
@ferramirezguz

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