Loading

Las finanzas públicas en el periodo de gobierno de Guerrero Mier

Los duranguenses, estamos obligados a hacer un ejercicio memorístico y objetivo para devolver a la historia su aliento, la libertad con la que se fueron tejiendo los sucesos y los hechos que nos constan, para legarlo a las siguientes generaciones, así como darle la palabra a quienes fueron testigos de primera fila de lo que aquí se relata y otros que fueron protagonistas de muchos episodios que vivió Durango en el sexenio que nos ocupa.

Por eso, intentamos recoger los testimonios de quienes vivieron de cerca el gobierno que encabezó Ángel Sergio Guerrero Mier e iniciamos con un mirar retrospectivo en su política hacendaría y de finanzas. En ese intento, “juntamos el trigo y quitamos la paja”. Para que podamos entender la vieja problemática de escasez de recursos de nuestro estado, es menester remitimos a los antecedentes históricos. ¿Por qué Durango es dependiente del erario federal?

El estado de Durango siempre ha tenido serios problemas financieros en sus finanzas públicas por dos razones: la primera obedece a la fórmula para distribuir las participaciones a las que tiene derecho por ser parte de una federación conformada por 32 entidades federativas y un distrito federal. Ésta se hace atendiendo a una fórmula derivada de un convenio de coordinación fiscal que data desde 1980.

Por este convenio todos los estados del país renunciaron a una serie de impuestos locales que cada entidad, a través de sus Congresos locales, tenía vigente en aquel momento (Durango tenía alrededor de dieciocho impuestos estatales, a los cuales renunció para que la federación fuera la única encargada de la recaudación tributaria del país). Todos los estados de la República aceptaron esa coordinación porque era obvio que la federación tenía más recursos económicos y mayor eficiencia para recaudar, y que las limitaciones de operación en la fiscalización de las entidades serian superadas por la Secretaría de Hacienda de la Presidencia de la República.

A Durango esa fórmula nunca le ha favorecido ya que es una de las entidades menos pobladas a pesar de su enorme extensión territorial (124 mil kilómetros cuadrados): tiene según Inegi a 2015, un millón 750 mil habitantes de los 119 millones 500 mil habitantes que tiene el país. El 95 por ciento de los recursos del fondo general de participaciones es en base a este factor y a Durango le representa el 1.3 de lo asignado a los estados para su distribución.

Por otra parte, está el desarrollo social: en Durango podrá hablarse de pobreza por que la hay, pero no es tan significativa para que se le asignen recursos extraordinarios a criterio del gobierno central, por esta variable (el estado tiene una concentración poblacional de cerca del 70 por ciento en tres o cuatro ciudades y mal que bien han ido avanzando en agua, drenaje, casa, piso firme, techo seguro, baños, luz, pavimento malo pero pavimento, etcétera).

Estas dos variables, población y desarrollo social, son las causas por las que en el periodo del 1998-2004 Ángel Sergio Guerrero Mier encontró un presupuesto consolidado (aportaciones federales mas participaciones) de escasamente 4 mil millones de pesos.

Austeridad y responsabilidad en el gasto

En la administración de Guerrero Mier se redujeron gastos de teléfonos, de usos de vehículos oficiales, de compra de papelería; se eliminaron totalmente los gastos de festejos a funcionarios y en dependencias; se disminuyeron los gastos de eventos cívicos, como pólvora, música y maestros de ceremonias, entre muchos otros.

Francisco Luis Monárrez Rincón, secretario de Finanzas en el sexenio de Guerrero Mier, nos puntualiza acerca de los recursos del Gobierno estatal:

La administración de 1998-2004 se encontró con que las reglas para mezclar recursos locales con recursos federales y bajar más dinero eran, y siempre lo han sido, sumamente rígidas, y los recursos disponibles muy escasos. Los programas federales en esos tiempos implicaban el esquema de aportación de peso de la federación por peso del estado. Durango tenía un peso para invertir en el campo, en seguridad, en lo forestal, para apoyo a empresas, etc. Eso era lo que podía bajar del Gobierno federal. No fue fácil.

De modo que los techos financieros de todos esos programas eran muy raquíticos al inicio de la administración; sufrimos mucho para hacer frente a compromisos, nómina y que no faltara obra pública. Debido a estas circunstancias surgió el dilema: se pasaban seis años “dando bolita” sin hacer nada o se elevaba y se hacía más eficiente la recaudación local a pesar de las condiciones económicas de la población. Se votó por la segunda alternativa, logrando que por primera vez en la entidad la recaudación fiscal local llegara a poco más de 500 millones de pesos en cada año del sexenio.

Se estudió profundamente como ser eficientes en la recaudación local en materia de derechos de replaqueo, de registro civil y registro público; así como aumentar el padrón de los contribuyentes de los pocos impuestos que a las entidades la coordinación fiscal le deja, como el impuesto sobre nómina, el impuesto sobre hospedaje, el impuesto para educación, etcétera. Y esa eficiencia fue factor importantísimo para lograr metas más ambiciosas en materia de mezclar recursos.

Continuará…

Comenta con Facebook