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Las horas contadas del Sistema Anticorrupción

El Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) perfila el endurecimiento de las declaraciones fiscal, patrimonial y de intereses, mejor conocida como 3de3, para funcionarios que van desde jefes de departamento hasta secretarios de Estado y que, además, se extenderá a sus cónyuges y dependientes económicos.

En días pasados, se presentó ante el Comité Coordinador del SNA la propuesta elaborada por un grupo de especialistas de siete dependencias vinculadas a la rendición de cuentas.

El proyecto plantea que los servidores públicos de primer nivel declaren de manera detallada sus empresas e inversiones, clientes, a qué personas o compañías han representado, de quiénes han recibido beneficios y la relación con cualquier fideicomiso al que pertenezcan.

En mi punto de vista, esto solamente vendrá a engrosar el mazacote en el que se convirtió dicho sistema, que si en el plano nacional ha sido una falacia, en lo local está aún peor, porque solamente representa un enorme gasto al erario y con escasos (por no decir nulos) resultados.

La propuesta, me parece buena, pero dentro de mi experiencia como integrante de la Comisión de Selección del Consejo de Participación Ciudadana del Sistema Local Anticorrupción, nos hemos encontrado con casos en donde los aspirantes han cometido una serie de argucias que fácilmente le sacan la vuelta a la 3de3.

Por ejemplo, nos hemos topado con casos de perfiles brillantes, con amplios conocimientos del Sistema pero que falsean su declaración fiscal, ya sea falsificando la constancia 32D o bien, presentando comprobantes anteriores de comprobación fiscal.

Otros que aseguraron no pertenecer a ningún partido político, comprobándolo con una constancia emitida por el Organismo Público Local Electoral, pero que al momento de buscarlos en las bases de datos de los partidos políticos, aparece su nombre con todos sus datos.

Al margen de estos detalles, aparentemente se han escogido a los mejores perfiles, sin embargo, a dos años de distancia no vemos resultados tangibles y más por lo costoso de su manutención; solo se saben de trascendidos en el conflicto de egos entre los consejeros de Participación Ciudadana, que se trenzan en discusiones baladíes por más de tres horas durante las sesiones sin llegar a ningún punto en concreto; solamente generando entre ellos teorías de la conspiración como es el posible desconocimiento de uno de sus integrantes para que sea removido del cargo por falta de resultados.

Y qué decir del Fiscal Anticorrupción, que es como el llanero solitario en busca de los corruptores, ni siquiera se le puede comparar con Sherlock Holmes porque le falta su compañero Watson, que le ayude a investigar y perseguir a la corrupción. De manera que todo este sistema se convirtió en una vacilada.

Ojalá que Óscar Quiñonez les ayude a poner orden y organización al interior del Consejo, aunque sea por corto tiempo, porque todo indica que López Obrador va a desbaratar este sistema que fue creado para tratar de limpiar la imagen de Peña Nieto a raíz de los escándalos de la Casa Blanca y los contratos de Higa, y solamente fue una pantomima que es demasiado costosa para el Estado y ante la austeridad republicana, no se le augura mucho futuro al sistema anticorrupción, porque ésta se combatirá con el buen ejemplo que da el Señor Presidente de la República.

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