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Y sólo llevamos un mes aguantándolo

Fran Ruiz

Donald Trump está fuera de control y, encima, está disfrutando. Ayer lo dijo al final de su bochornosa rueda de prensa en la Casa Blanca, en la que, tras fustigar a los periodistas, dijo satisfecho al final del encuentro “Me encanta lo que hago. Me la paso genial”.
Se queja, en la realidad paralela en la que vive, de que el mundo que heredó de Obama —no sólo EU, sino el resto del planeta— es un completo desastre, pero, que no cunda el pánico, para eso está él en la cúspide del poder, para arreglarlo todo.
En su delirio mesiánico, cree que puede con todo al mismo tiempo. Puede levantar un muro, llamar amigo al presidente mexicano y luego obligarlo a que lo pague de su bolsillo. Puede obligar a que todas las empresas del mundo inviertan en EU, reventar todos los acuerdos de libre comercio y obligar a sus aliados a que acepten sus nuevas reglas (no que las negocien). Puede también destruir al Estado Islámico (en poco tiempo, asegura), trasladar la embajada de EU a Jerusalén y al mismo tiempo, mantener a raya la ira de los países musulmanes. Asimismo, puede prohibir la entrada a musulmanes y hacerlos creer que no es antimusulmán; puede expulsar a los once millones de indocumentados y a cada uno de ellos buscarle un “crimen” que justifique su expulsión (como el pobre recién casado mexicano de Georgia, detenido y en fase previa de deportación, por el delito de haber cruzado la calle “indebidamente”). Puede también hacernos creer que él es quien manda sobre Vladimir Putin y no al contrario, y sobre los oscuros nexos de sus hombres de confianza con Rusia, puede permitirse esquivar su responsabilidad y decir que los culpables son las agencias de inteligencia, por filtrar falsedades, y los periodistas, por publicarlas. Puede acabar con el “Obamacare”, dejar a 14 millones de estadunidenses sin su seguro médico y engañarlos anunciando otro plan de salud “que los hará felices”. Puede apoyar la industria del carbón y hacernos creer que su combustión no contribuye al cambio climático. Puede, incluso, amenazar a la empresa que no vende ropa de su hija y obligarnos tarde o temprano a comprarla, porque, en su mundo, se hace lo que él dice.
Esto es sólo una muestra de lo que Trump fantasea en su cama vacía en la Casa Blanca (dicen que Melania no lo aguanta) y al día siguiente trasladarlo a su vocero, cuya incapacidad para decir lo que piensa el presidente de EU hace que todo sea aún más delirante.
Por eso, un grupo de psiquiatras se ha tardado menos de un mes de Trump en la Casa Blanca, para alertar al mundo del peligro de que semejante narcisista compulsivo siga en el poder. Lo nunca visto, como tampoco que el cineasta Michael Moore, uno de los pocos que, con argumentos lúcidos, anunció la victoria de Trump, acabe de pedir que abandone el cargo o que sus idiotizados compañeros republicanos del Congreso le monten un “impeachment” por incapacidad mental para gobernar la primera potencia.

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