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Lo que dejó el segundo debate

Al igual que en el primero, el segundo debate no será determinante para provocar alguna variación en cuanto a las preferencias. Fue, eso sí, un espacio mejor estructurado, cuyo formato permitió una mejor confrontación de ideas.
Más allá del resultado del debate, del cual, como suele suceder, todos los candidatos y sus representantes se declaran vencedores, se pueden analizar algunas cosas. En primer lugar, la ausencia de Margarita Zavala remarca su inopinada decisión por retirarse de la contienda electoral. Anunciada desde mediados de la semana anterior, la declinación de Margarita fue tomada, por algunos, como una medida atinada, mereciendo incluso felicitaciones y reconocimiento de no pocos. En lo personal, soy de la idea que como de antemano sabía las reglas del juego, no puede decirse sorprendida o engañada por el tema de la inequidad que denunció. Dilapidó en vano recursos económicos y humanos para conseguir más de un millón de firmas que hicieran posible su candidatura y muchas personas creyeron en ella y hoy han quedado en la orfandad político electoral. Aseguró que no declinaría en favor de otro candidato, pero difícilmente lo haría por Ricardo Anaya quien fue quien la orilló a dejar a lo que fue su partido, el PAN. No parece casual que figuras panistas identificadas con el calderonismo como Ernesto Cordero, hagan público su afinidad con José Antonio Meade. Horas antes del debate, Cordero publicó en tuiter: “Voy a votar por @JoseAMeadeK. Me consta su honestidad y capacidad. A diferencia de los otros candidatos, su trayectoria es limpia y de resultados”.
Ricardo Anaya, por su parte, demuestra que se siente cómodo debatiendo. Le dedicó mucho tiempo en abrir frentes con López Obrador. Su discurso estudiado y estructurado le confiere un aire de ser una persona indescifrable, no comunica a plenitud sus sentimientos.
José Antonio Meade fue quien mostró mayor dominio del tema, aunque se sigue quedando corto en el plano emocional. Le dedicó mucho tiempo al tema de la candidata al Senado por MORENA, Nestora Salgado, algo que se vio del todo innecesario como lo fue el hecho de enredarse en algún momento con uno de los moderadores, León Krauze.
Andrés Manuel López Obrador, se vio un poco más relajado que en el primer debate, lo que no quiere decir que se note a distancia que los debates no son, en lo absoluto lo de él. Se dio tiempo para contraatacar a Anaya a quien llamó “mentiroso” y al que le otorgó un sobrenombre digno de comic: “Ricky Riquín Canallín”.
Finalmente, Jaime Rodríguez, “El Bronco”, nuevamente fue expuesto como un hombre de ocurrencias y no de ideas. Cuesta pensar que sea el gobernador del vanguardista y próspero estado de Nuevo León una persona con muy poca o nula visión política y que demuestra muy poca preparación. La histórica victoria que obtuvo para acceder a la gubernatura demuestra el grado de hartazgo y desencanto de sus coterráneos por los partidos políticos. De otra forma no se explica como pudo triunfar y de manera tan avasallante como lo hizo.
Habría que agregar que uno de los inconvenientes en el segundo debate fue el papel protagónico que asumió el moderador León Krauze. “Le pido una respuesta binaria”, “dígame un parámetro medible para saber que Estados Unidos respete a México”, “permítame usted a mí”. Al parecer Krauze se dejó llevar por el talante belicoso y protagónico de los periodistas que han entrevistado a los candidatos en programas como Tercer Grado o en Milenio Televisión. Una pena.
A pesar de todo, el segundo debate fue un buen ejercicio para conocer más a los candidatos, sus propuestas y formas de pensar. El resultado no modificará, como tampoco modificará las tendencias los temas surgido en días recientes como los nuevos señalamientos de malversación de fondos de Anaya, o el estado de salud de AMLO, o el que le hayan dicho que es un “viejito”.
La fecha de la elección se acerca y de momento no ha surgido nada, aún, que cambie el estado actual de las cosas.

ladoscuro73@yahoo.com.mx
@ferramirezguz

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