MINUTO X MINUTO

Lo que viene


Por suerte, no estuve en el sismo. Pero sí estaban ahí las personas que más quiero: mi madre, mi hermana, mis amigos. Luego del suceso, la distancia no deja dimensionar lo sucedido. Poco a poco llegan las noticias, los datos. Uno empieza a armar un rompecabezas sin todas las piezas. Empieza a querer dotar de sentido a algo que no lo tiene. Que no sigue una lógica, que nos recuerda nuestra naturaleza efímera. Pero también nos recuerda que no somos sino en otros, que somos los otros, que no importa el tú y el yo, sino el nosotros. Esa es la mística que envuelve a lo colectivo.
Decía alguien en un tuit: “no me pasó nada pero me duele todo”. No encuentro frase más exacta, más profunda, más humana. Ese enunciado encierra la humanidad que nos une, esas fibras invisibles de la empatía que nos permite sentir el dolor ajeno. A todos nos sigue doliendo lo sucedido. Detrás de la frialdad de una cifra hay historias de vida destruidas. Y seguimos sorprendidos de lo que podemos hacer juntos. He visto innumerables expresiones a favor de la juventud, de nosotros los jóvenes, de cómo hemos descubierto el poder de la solidaridad y de la cooperación. Si alguien consideraba al millenial como egoísta, ya tiene prueba en contrario.
Me preocupa, lo confieso, lo que viene. Ya se empieza a entrever otro horizonte: de más preguntas que respuestas, de más dudas que certezas. Esa homogeneidad de solidaridad humana, adquirirá otros tonos. Viene, como bien dice Héctor Aguilar Camín, el momento de las responsabilidades y de las culpas. La marea solidaria dará paso a la marea del descontento. Es un descontento larvado por décadas, que ha tenido como tierra fértil una postmodernidad incomprendida.
Esa incomprensión nos ha llevado a atribuir a la democracia características que no tiene –es sólo un sistema de gobierno, y nada más-; y a un divorcio cada vez más acentuado entre sociedad y gobierno. Fuera de las razones coyunturales del divorcio, hay algunas estructurales: la velocidad a la que se mueve la sociedad, como ha sido demostrado en estos días, tiende a ser más rápida que la del gobierno. No es sólo el poder de las redes sociales –que es impresionante- sino que la misma arquitectura del gobierno requiere de algo que olvidamos: tiempo. Hasta el gobierno ideal precisa de éste. Por supuesto, hay protocolos de emergencia que se detonan, pero lo que viene, la etapa de la reconstrucción, implica tiempo para discutir los “cómo”, los “cuándo”, y el “cuánto”.
Decidir sin tiempo es decidir sin procesar la pluralidad social, sin debatir, sin diálogo. Sólo no se subyuga al tiempo el que decide en soledad y se piensa poseedor de la la verdad absoluta, o sea, un tirano. Nosotros llevamos décadas construyendo lo contrario: un gobierno limitado por un muy buen número de contrapesos. No quiero defender la ineficacia o ineficiencia, nada más alejado de eso. Lo que pretendo es que tomemos consciencia de la magnitud del reto que todos enfrentamos. Como gobierno no debemos hacer de los medios, fines –esa es la definición de la burocracia más chocante-; y debemos tatuarnos en las manos un recordatorio de que detrás de cada decisión de política pública a tomar, hay vidas humanas. Lo peor que nos podría pasar es improvisar, decidir sin consultar, y que las ganas de resolver den margen a la arbitrariedad. Esa sería la receta para un próximo desastre.
Como sociedad debemos verter esa energía que hoy desborda en ríos de mediano y largo caudal. El puño en alto que nos lleva al silencio, debe llevarnos también a la reflexión. A esa reflexión que sólo se da en silencio y con el tiempo de aliado. Reflexionemos qué queremos ser, qué país queremos. Pero reflexionemos sin odio, ése es el reto. Del descontento al odio, hay tan sólo un rumor, una mala noticia, una gota derramada. Que esa empatía que hemos mostrado nos permita ver el bosque y no sólo los árboles. En ese bosque hoy emerge el rostro de un país que nos necesita a todos, que hoy nos necesita reactivos, pero en unas semanas nos necesitará prudentes y activos a largo plazo. Mantengamos ese compromiso con México y acabemos de tomar las riendas de nuestro destino.

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