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Los ciudadanos necesitamos creer en las versiones del gobierno

Sin ProtocoloMichoacán y Jalisco son estados en donde la guerra cristera fue intensa y encarnizada, hoy ochenta y dos años después, esos mismos estados viven una situación de violencia similar o quizá peor. Si en 1926 fue la motivación de la defensa religiosa, hoy es la lucha contra el crimen organizado. El pasado 22 de mayo en un enfrentamiento entre una célula presumiblemente del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y policías federales dejo un saldo de 42 presuntos delincuentes y un policía federal muerto. Según lo declaró el Comisionado de Seguridad Nacional Monte Alejandro Rubido.
Se repite el número maldito de fallecidos de Ayotzinapa, en donde hasta ahora están desaparecidos 42 estudiantes normalistas y solo uno se ha comprobado científicamente que murió. Para el gobierno todos los jóvenes normalistas fueron asesinados según una hipótesis que se va debilitando. Cuando menos organismos como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos recomienda se abran nuevas líneas de investigación y no se cierra el caso con la “verdad histórica” con la que el ex Procurador Murillo Karam intentó cerrar el caso.
El enfrentamiento entre los presuntos maleantes y las fuerzas federales se dio cuando fue detectado un convoy que al verse descubierto agredió a la policía federal, este convoy se refugió en el rancho del Sol, un lugar solitario sin ninguna vivienda a cinco kilómetros a la redonda.
Los lugareños han dicho que este grupo tomó por la fuerza el predio desalojando a sus ocupantes, no hay ningún indicio de que fueran gente pacífica, y sí, que agredieron a los federales cuando se sintieron copados. Lo federales que hicieron frente a los agresores primero eran más de cuarenta elementos, al pedir apoyo, fueron reforzados por otros 60 más, aparte helicópteros que amedrentaron a los agresores.
En esa parte del país el gobierno está en guerra no declarada o no convencional, y en una lucha de esta naturaleza en donde los delincuentes emboscan y practican la guerra de la pulga de pica y huye, las fuerzas de seguridad llámense federales, marina o ejército no pueden actuar ni deben hacerlo sin extremar medidas, es su vida o la de los agresores, así de fácil.
Sin embrago, en estos operativos en los que se juegan la vida los elementos de seguridad, tienen que actuar apegados a los protocoles establecidos, que establecen disuadir, exhortar a la rendición, evitar el exceso de la fuerza y respetar los derechos humanos.
En un momento de tensión como en este caso, en donde casi medio centenar de individuos agrede con armas largas es -dirán muchos – muy difícil apegarse a estos protocolos, es cierto, pero es una obligación hacerlo, porque los elementos de seguridad garantizan el estado de derecho apegándose a él, no violentándolo, porque de lo contrario sería una lucha en la que las fuerzas del orden estarían violentado la ley y los tratados internacionales, y esto simplemente sería una aberración
Monte Rubido dio una explicación de cómo las fuerzas federales respetaron éste protocolo de manera escrupulosa. La muerte de 42 personas que por cierto es la más grande que se registre en la historia de Michoacán, cuando menos desde la Guerra Cristera, deja algunos elementos que deberán de ser explicados de manera más detallada a fin de que la sociedad confíe en la hipótesis del gobierno. En esto hay que dejar claro que de ninguna manera se duda de que los federales hayan sido agredidos por los malos, sino de la manera en que éstos fueron muertos.
Solo tres presuntos delincuentes se salvaron, a decir de Monte Rubido porque se rindieron, los otros 42 siguieron disparando a los federales Monte Rubido dijo que el resto de presuntos delincuentes se habían dispersado en un área de 112 hectáreas, esto es, 42 individuos huyendo armados por entre sembradíos dispuestos a matar, perseguidos muy de cerca por 100 federales, esto es menos de tres federales por fugitivo.
La persecución debe de haber sido cautelosa para evitar bajas de los federales, la estrategia fue exitosa, en condiciones difíciles solo un policía murió y los presuntos delincuentes todos fueron muertos.
Esto sin duda despierta dudas ya que no se explica el tipo de estrategia seguida que impidió que murieran más policías ante un grupo de hombres que con armas largas se jugaban el todo por el todo, es decir, completamente desesperados y por consecuencia de extremo peligro. Además, los presuntos delincuentes conocían perfectamente el terreno y los federales no. Por eso la ciudadanía demanda más claridad en la forma que se actuó.
Recordemos que en el caso de Tlatlaya se dio una versión oficial de que 22 presuntos delincuentes habían sido muertos en enfrentamiento, meses después, la prensa internacional descubrió que cuando menos doce de ellos habían sido fusilados. Este hecho impacta en la credibilidad quiérase que no. Y luego surgen las hipótesis que generan dudas. Para evitarlas, creemos que se debe ser mas explicito en el operativo, en cómo y dónde fueron cayendo cada uno de los cuarenta y dos, de ninguna manera es poner en evidencia a nadie y menos al gobierno, pero hoy como nunca la sociedad necesita información muy detallada, sobre todo, para que no se profundice la falta de credibilidad ciudadana. O no.
Jenep_55@hotmail.com

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