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Los encomenderos de estos tiempos

Hay ocasiones en que tratamos de explicar razonablemente el origen de nuestras desventuras como nación, y de la pobreza de nuestro pueblo, y no encontramos las respuestas porque no queremos ver más allá de nuestra mendicidad social. Resulta lastimoso llegar, después de quinientos años de haber sido conquistados por un ejército de facinerosos y ladrones encabezados por Hernán Cortés, a concluir que seguimos siendo los mismos hombres y mujeres dispuestos a inclinar la cerviz ante el llamado de los poderosos. Aunque muchos no lo quieran aceptar, ese es el meollo de nuestras desventuras como pueblo y como nación. Y no es que tengamos que flagelarnos para encontrar ese camino que se nos extravío en los desvaríos de la historia, simplemente hay que aceptar realidades y asimilar olvidos, esos que se nos quedaron en nuestra infinita pequeño.

En la época de La Colonia se denominaba “encomendero” a quien tenía la facultad de cumplir y hacer cumplir las órdenes del Rey. Entre sus obligaciones estaba enseñar la doctrina cristiana, velar por sus encomendados en las colonias españolas de América y Filipinas, así como defender y multiplicar sus bienes. Era un privilegio escasamente otorgado, y aunque no se otorgaba en automático la “hidalguía” o la “nobleza”, si se adquiría el status de “persona poderosa”. Aunque a muchos no les guste, la encomienda sigue vigente a través de las concesiones que otorga el Estado Mexicano, y que ha permitido a “respetables personajes” enriquecerse, y convertirse al igual que antaño, en hombres poderosos. Las privatizaciones permitieron que cuatro reconocidos personajes multiplicarán su fortuna que alcanzaba el dos por ciento del Producto Interno Bruto, hasta incrementarse al nueve por ciento.

German Larrea y Alberto Bailleres supieron aprovechar las concesiones mineras otorgadas para enriquecerse a través de Grupo México y Peñoles, logrando insertarse dentro del exclusivo “grupo de los cuatro”. Los dos restantes son Carlos Slim y Ricardo Salinas Pliego, de Telmex y TV Azteca. Me parece que un país como el nuestro requiere que haya muchos ricos porque generan riqueza, pero la forma en que han aprovechado las concesiones del Estado, que son propiedad de todos los mexicanos, a quienes por cierto venden servicios de mala calidad y bastante caros, habla de la misma formación de riqueza que se propiciaba a través de “Las Encomiendas” hace poco más de cuatrocientos cincuenta años.

También al igual que entonces, la mayor parte de los mexicanos siguen siendo pobres y viven explotados y sometidos a los dictados de los modernos encomenderos que imponen precios y tarifas a los servicios que brindan que en la mayor parte de las veces resultan de mala calidad. Si bien la larga distancia se cobra como llamada local, el incremento en las tarifas ha sido brutal y genera mayores dividendos que la larga distancia. Para decirlo claro, enriquecimiento consentido es una forma de reeditar las condiciones de esclavitud de hace cuatrocientos cincuenta años. Y pensar que para colmo de males a uno de ellos se le entregó la Medalla Belisario Domínguez. Al tiempo.

Vladimir.galeana@gmail.com

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