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Los muertos políticos que vos matáis, están muy lejos de gozar de cabal salud

Solo faltan 10 días para que se suspenda todo tipo de propaganda electoral y trece para que sean las elecciones. Creo que es pertinente hacer un ejercicio en prospectiva, qué va a pasar después de las elecciones con el sistema político mexicano.
Uno de los factores de la descomposición política de nuestro país han sido los partidos, entidades desprestigiadas, deterioradas, sin credibilidad y directamente culpables de que crezca el abstencionismo en los procesos electorales.
Curiosamente es ahora cuando lo partidos políticos tradicionales, PAN y PRI invocan al voto indeciso, ese que supuestamente duda por quién votar que se convierte en voto útil para algunos, y quizá sea el voto que también repudia a los partidos.
Los partidos políticos tradicionales se encuentran en un verdadero aprieto, las encuestas no los favorecen para estar en la competitividad por la Presidencia de la República, esto no significa ni mucho menos que no puedan ganar las elecciones, como lo dijera el mismo López Obrador, los milagros existen.
Pero hay una cosa cierta, después de las elecciones, gane quien gane, los partidos van a tener que entrar a un proceso serio de transformación, de reinvención y de reconstrucción. Ni dudarlo que se han dado cuenta que su distanciamiento con la sociedad, con sus intereses, con sus necesidades, con sus graves problemas no era solo discurso.
La realidad que viven los partidos tradicionales en esta contienda es dramática, el rechazo que la sociedad tiene hacia ellos no es algo nuevo. Las estadísticas, sondeos, auscultaciones, percepciones, así lo han indicado desde hace décadas.
Los políticos lo admitían, pero nunca creyeron que se traduciría en un comportamiento electoral que ahora los tiene a contracorriente. Vaya que las aguas en las que luchan por no hundirse son aguas broncas, con peligrosos rápidos que los amenazan con naufragar.
Para quienes pierdan será una lección muy dura que los obliga a dar un giro de 180 grados, se darán cuenta que no podrán hacer una estrategia que les dé competitividad en las próximas elecciones si no abandonan la impunidad, la corrupción, la voracidad, la perversidad, la prepotencia, la soberbia, incluso la sospecha muchas veces fundada de estar infiltrados por las mafias delictivas o pertenecer a ellas.
Seguir así es decirle adiós a su presencia en el escenario político. Quizá tampoco lo entiendan por estar muy arraigados en sus métodos y costumbres por décadas usados; entonces, no habrá de otra, el abanico político habrá de abrirse para dar paso a los partidos emergentes como “Encuentros Social (ES) Movimiento Ciudadano (MC) y Morena (nótese que ninguno se pone partido por el desgaste y desprestigio que esto implica). Un partido que ha salvado su presencia en el panorama político nacional es el Partido del Trabajo (PT) se ha salvado solo porque tuvo la visión de aliarse a Morena y aferrase a la candidatura de López Obrador como náufrago desesperado que busca cualquier tabla de salvación. De esta manera el PT, un partido fracasado y en vías de extinción, hace una jugada que lo salva.
Para los partidos tradicionales es imperativo categórico su transformación, no de forma, sino de fondo. Ganen o pierdan están obligados a dejar a un lado las luchas facciosas que quieren el poder por el poder mismo, para unirse en torno a objetivos sociales, de interés general, de unirse a las y hacer suyas las luchas sociales.
Es la última llamada, no habrá otra oportunidad, o cambian o se mueren y créanoslo que algunos ya están en el velatorio político, quizá un milagro los salve, no pocos ya lo ponen en tela de duda, porque los muertos políticos que vos matáis, están lejos de gozar de cabal salud. O no.

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