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Los partidos fueron privatizados por las cúpulas

La política y los partidos han sido privatizados por las cúpulas cada vez más alejadas de las bases y por las oligarquías que ejercen más influencia en ellos. Los pasados procesos electorales ayudaron a ver el agotamiento de un régimen político, que ya sin rubor hace uso de viejas artimañas, que creíamos ya superadas.
Hace más de 20 años todavía se podía hablar de un partido predominante, hegemónico e invencible, pero ahora, lo debemos admitir y no es una herejía reconocer que somos un partido que en tan sólo seis años, hemos perdido casi cuatro millones de votos en el país, que Enrique Peña Nieto asumió la Presidencia de la República cuando el PRI tenía 20 gubernaturas y ahora sólo tenemos 14 y las últimas dos con pírricas victorias que todavía están siendo cuestionadas.
Los priístas serios y responsables debemos estar preocupados por el hecho de que el PRI sólo, sin contar los votos de los partidos aliados en el Estado de México, sacó 58 mil votos menos que MORENA, es decir, que de partido a partido, sacó más votos un partido de reciente creación, aún con los inconmensurables recursos con los que dispuso. El PRI como partido, sólo, se quedó en segundo lugar y eso no debe ser motivo de orgullo.
En un estado eminentemente priísta que históricamente era su gran reserva de votos del país, hoy colocado en una derrota moral. En la tierra del presidente Enrique Peña Nieto y en donde se volcó el gobierno federal y estatal como si fuera una campaña presidencial. Si hubieran acudido a las urnas el 55 o 60 por ciento del electorado, en vez del casi 52 que finalmente votó, otra sería la historia.
Nunca como hace meses se había dado un manotazo tan grotezco para arrebatar el PRI a los priístas, para imponer a un desconocido dentro de sus filas como su nuevo dirigente, sin poseer ninguna biografía dentro del partido, Enrique Ochoa ha sido señalado y cuestionado desde su sorpresivo arribo, por haber sido impuesto, además de su inexperiencia y pobres resultados electorales, pese a todo, desde su llegada a la presidencia del PRI asegura que él dejará la presidencia del CEN hasta el 2019. Cuando sabemos que el que decide, es el que lo puso.
Si el Presidente de la República en otros tiempos efectivamente era el primer activo del partido, no podemos decir lo mismo ahora, cuando la aprobación ciudadana a su gobierno anda en apenas 20 por ciento, ante un 80 por ciento que lo reprueba, no debemos, como partido más que recurrir a la militancia, de ahí que debe devolvérsele el poder de su opinión en vísperas de la selección de su candidato presidencial, lo digo con objetividad, no puede dejársele a un solo hombre tan importante responsabilidad, a su decisión unilateral o cupular.
La militancia y sus corrientes internas tienen que ser tomadas en cuenta en esta deliberación, de lo contrario, el ungido no pasará la prueba del consenso mayoritario y no recuperaría el partido competitividad que ha ido perdiendo. Todas las candidaturas de elección popular, desde la presidencial hasta las plurinominales a donde mandan a sus familiares y a sus cuates, deben pasar por algún esquema de consulta que las legitime, darle voz y voto al sentir del priísmo nacional. Que haya premio a la militancia e involucrar a sus simpatizantes a una consulta que legitimaría la candidatura.
Hasta hace pocas décadas, los documentos básicos que rigen la vida interna del tricolor, establecía que para ser candidato a presidente de la República y presidente del CEN del PRI, debería cumplir con el requisito de haber ocupado un cargo de elección popular, como garantía que no llegaran personajes sin ninguna sensibilidad social o sin merecimientos ni trayectoria en la vida partidaria, y que no llegaran perfiles sin estar comprometidos con su ideario y su militancia.
Ésa disposición fue erróneamente sustraída de sus estatutos en la década de los gobiernos tecnócratas, quitaron esos candados que detenían la llegada de improvisados y premiaba a la carrera de partido y los quitaron para poder favorecer a otros intereses ajenos al partido y dar paso a candidaturas de advenedizos sin ninguna formación política ni emoción social.
Creo que la próxima XXII asamblea nacional del PRI, debe regresar a esos candados, cuando se advierte el peligro que lleguemos al extremo que puede postular a alguien que no comparte su ideología o que es contrario a sus principios. Pero queda otra clausula en los estatutos del partido aún vigente, para poder ser candidato a la presidencia de México, es requisito tener un mínimo de diez años de militancia, lo que no dudo que en la próxima asamblea también quieran eliminar, pues ese requisito no lo cumplen ni Luis Videgaray, ni Aurelio Nuño, tampoco José Narro, ni José Antonio Meade. Ése es el fondo del debate.
Después de los comicios en el Estado de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz, en el que la dirigencia se auto engaña y cae en la falacia de hacer cuentas alegras, lo que significa no entender el mensaje que envió el electorado, ya no tenemos la fortaleza de antaño y eso no lo quieren ver, por eso nos debemos de retroalimentar de nuestra propia militancia y que vuelvan a creer en el partido.
Tal es el caso de hacernos la siguiente pregunta ¿De dónde salieron los dos millones y medio que sacó MORENA el pasado 4 de junio en las pasadas elecciones sólo en cuatro estados de la República? Obviamente que de gran parte de las filas priístas, otros del PRD y algunos panistas.
Por ejemplo, en Coahuila, pese a que supuestamente se ganó pírricamente, se perdió el Congreso del Estado y se perdieron los ayuntamientos en donde éramos gobierno como Torreón, Monclova, Acuña y Piedras Negras, entre otras. En Nayarit, no sólo se perdió el gobierno estatal sino sus principales ciudades y casi la totalidad de las diputaciones. En Veracruz, la mayoría de ayuntamientos en manos del PAN, de MORENA y hasta del PANAL, entre ellos, los más importantes como la propia capital del estado, Xalapa, que la ganó MORENA. Entonces, no veo la razón para seguir en la necedad de que nos fue bien. ¿Pues a quién quieren engañar?
Otro dato que me parece grave, la mitad de los comités estatales del PRI en el país, están vencidos en su período para el que fueron electos, están esperando inútilmente su reestructuración porque están fuera de toda normatividad estatutaria y están operando dirigencias provisionales, las cuales no fueron electas, en ésta anomalía que refleja el descuido de las tareas partidarias al interior de la República, se incluye Durango naturalmente.

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