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Los primeros compromisos


Julio Faesler

El empleo, uno de los tres, se encuadra en la economía de libre mercado, que se asocia con nuestro sistema de democracia liberal, el cual desde el siglo XIX penetró en México.
La incapacidad del sistema capitalista liberal ha quedado cada vez más manifiesta para resolver los severos problemas de injusticia que se han agudizado en casi todos los países que han adoptado dicho binomio político-económico. Los abusos propiciados por esta fórmula explican los movimientos de rechazo popular general en todo el mundo.
En América Latina han brotado soluciones alternas, instaladas en los regímenes vigentes en Nicaragua, Cuba o Venezuela, donde se han sufrido golpes de Estado o cruentas revoluciones, pese a lo cual, no se ve que hayan podido mitigar la pobreza o su creciente brecha entre ricos y pobres, sino, por el contrario, las han profundizado.
Como a principios del siglo XX, el mundo vive una época de inconformidad con el capitalismo empresarial y demandando cambios radicales. Es evidente que la exigencia no se limita a un repudiar la estructura económica heredada del pasado. Cualquier remedio supone abarcar lo político, extirpando corrupción con la lupa de la transparencia, reparando estructuras de gobierno.
México experimenta los mismos síntomas de inconformidad popular en todas las regiones del país sin excepción. La cercanía de las elecciones presidenciales son la evidente oportunidad para que los candidatos sean sensibles a la coyuntura y sepan presentar al electorado proyectos de verdadera avanzada, como en su momento fueron algunos de los ingredientes de la Constitución del 1917 que se adelantó a la socialista rusa.
Los futuros candidatos a la Presidencia tienen que responder a esos retos. Planteamientos valientes, como el de Ricardo Anaya, del PAN, que apoya el esquema de un salario universal, tal y como lo propone Cepal y ONU, y que está siendo probado en Finlandia y en varios municipios en California.
Hay muchos otros temas en los que hay que introducir acciones innovadoras como, por ejemplo, el reclutar a profesores no sindicalizados para atender segmentos educativos abandonados o atender a los miles de trabajadores que hoy en día están siendo sustituidos por la automatización y robotización que se extienden en las fábricas o los servicios.
Muchos de los problemas que dañan los niveles de vida de la población mexicana son efectos de la corta visión de tanto gobernantes como empresarios que no están tomando las decisiones que prevengan desastres sociales, acentuados por las realidades demográficas que rebasan la capacidad de las instituciones del capitalismo liberal que no se han adecuado a los nuevos parámetros.
Uno de los sectores que tiene que modernizarse es el financiero, que se resiste a cambios debido a que el concepto social que lo rige consiste en señalar que la pobreza es culpa del que no trabaja. Pero esta tesis deja manos libres para la concentración de riqueza en las pocas manos que gozan de las ventajas que niegan a los que no han podido emplearse productivamente, frecuentemente por falta de preparación escolar. Aquí, por ejemplo, la idea de un salario general cobra fuerza.
La propuesta de la renta universal no será la única que emerja de las campañas. Otras surgirán. La pobreza, desigualdad, la inseguridad, el peligro de desestabilización que se vive son realidades hasta para los que creen que nada cambiará.
Las futuras administraciones, federal y locales, tienen que idear soluciones distintas y atrevidas, lejos de la misma nociva condescendencia hacia la perversa globalización que desde hace décadas se repite.
Los candidatos no deben temer exponerse a proponer cambios radicales.