MINUTO X MINUTO

Los que se niegan a morir


La crisis continental se expresa de manera intensa, las instituciones se caen, los conservadurismos se agotan, los cambios se precipitan. A sus paso, los movimientos arrastran formas y métodos de gobierno, caen gobernantes, se ponen en aprietos sistemas arbitrarios que se aplican desde décadas, ahora, sometidos al cuestionamiento severo e implacable.
Venezuela, Brasil, Perú, Guatemala, Argentina, México: otrora estados fuertes se caen. Perú, con el ex presidente Ollanta Humala y su esposa Nadine Heredia en prisión preventiva acusado de lavar activos. Otro ex presidente, Alberto Fujimori en prisión y uno más, Alejandro Toledo prófugo. Estos tres casos son el resultado de políticas corruptas, verticales, antidemocráticas, de una estructura de gobierno incapaz de detener la tendencia ladrona de los gobernantes que curiosamente llegan al poder agitando las banderas contra la impunidad y la corrupción, el modelo neoliberal los devora y terminan siendo peores.
Brasil con Dilma Rousseff presidenta destituida, un ex presidente condenado a más de nueve años por corrupción Lula da Silva. Tres personajes que han llevado la conducción del inmenso país que es Brasil, hoy en la picota, y la constante es la misma, involucrados en hechos de corrupción.
En Argentina Cristina Fernández de Kirchner mantiene juicio por señalamientos de corrupción, el procesos sigue, nadie asegura que vaya a salir bien librada aún y cuando se mantiene en campaña para volver a ocupar la presidencia de Argentina.
Venezuela, nadie sebe cual será su final, una sociedad partida y confrontada, un presidente que no se puede negar tiene apoyos ciudadanos y militares que lo sostienen contra todo y contra todos; una oposición que tiene como héroes de la disidencia activa a los jóvenes y a los estudiantes que entregan su vida por la causa que enarbolan, pero hasta hoy, sin posibilidades para crear, ni una ni otra parte, la posibilidad de salida a un conflicto que se hace cada vez más complicado.
En Guatemala, el ex Presidente Otto Pérez en prisión forma parte de ese detonante social y político que va mucho más allá de tumbar mandatarios, hay fatiga contra el sistema político, también contra el modelo económico que no da respuesta a ninguna de las necesidades y exigencias de la población cada vez empobrecida.
Incluyo en esta reflexión a nuestro país, porque sin duda hay elementos suficientes de análisis para considerar que estamos en circunstancias iguales o muy parecidas al resto del continente. Casi una docena de ex gobernadores presos en México o en el extranjero acusados de corrupción, otros fugitivos y los que ahora están en el poder, mañana los veremos en la picota.
Sostenemos que no es solo meter en prisión a los corruptos porque estos se reciclan, se continúan a través de otros, se cumple el dicho de que “las matanceros de hoy serán las reses de mañana”. Prevalece esta danza del deterioro sistémico.
La realidad está en el agotamiento de modelos, de sistemas que han cumplido su ciclo y niegan morir, en la medida que se revelan a su caída van generando más vicios, errores, equivocaciones, cinismos. En esa medida van arriesgando a la sociedad.
Lo que vemos en México es realmente preocupante, no hay espíritu de ley que no intente frenar los excesos y darle más chance a la justicia, a la equidad, a la democracia y a los derechos de las mayorías; pero junto a ello, se crean los candados que permiten que no haya castigos y se abra la puerta a la impunidad, se continúen descaradas imposiciones político-electorales y corrupciones soeces.
Lo que se niegan a admitir quienes están en el poder y sus secuaces, es que la indignación crece y el movimiento social terminará arroyándolos tarde que temprano. O no.