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Los traumas de los políticos

Estamos por entrar a un proceso electoral más, se diputaran las presidencias municipales de todo el estado. No somos psicólogos ni mucho menos, pero eso no obsta para abordar, desde nuestra posición de opinadores esos perfiles del político que poco se abordan, como, sus obsesiones, sus paranoias, sus esquizofrenias.

Alguna vez un empresario exitoso, amigo mío, me decía que porque no intentaba hacer un negocio, aunque fuera pequeño y vivir con tranquilidad de ahí, te presto para que lo intentes, me dijo con generosidad que agradecí, le dije que no tenía la vena empresarial, ese ADN necesario para ganar dinero, no es lo mío, le dije, se que lo puedo hacer, pero viviría incómodo.

Me gusta compartir algunas de mis experiencias personales, para dar más claridad a mis ideas. Pude ser el primer diputado del Partido Comunista en Durango, aun hay testigos de ello como Luis Ángel Martínez Diez (el churumbel). Ante el asombro de todos, decliné la propuesta, yo me sentía muy bien involucrado en el activismo social, sabía que entrar al sistema siempre será una trampa difícil de resistir, no era mi espacio.

Estos dos ejemplos sirvan para entender que ser político desde siempre, requiere de una estructura mental especial. El político desde su inicio en estas lides va por el poder, es un objetivo que se hace obsesión, llegar al poder, ir escalándolo, como decía Nicolás Maquiavelo, “no importan los medios, lo importante es el fin que los justifica”.

Muchos quedan en el camino, fueron desplazados por los más audaces, los que tuvieron audacia  más que inteligencia, los que supieron ser dóciles y al mismo tiempo implacables, dos cartas con las que siempre juega el político, cerrar las puertas a quien viene detrás, zancadillearlo, destruirlo política y si es necesario físicamente. En la política no cabe la honorabilidad, la decencia, ni la lealtad, es el juego más duro que uno se imagine.

El político se vuelve paranoico por necesidad. Forma un mundo de sospechas, ve enemigos donde no existen, esperan el momento para detectar al que ya no es confiable, quitar apoyos y respaldos al que ya no le sirve. Dan espacios de oportunidad a quienes son útiles, pueden ser coyunturales, aliados de paso, compañero de viaje corto. También están los de su primer círculo,  con los que forma grupo de largo aliento, ese grupo que sabe secretos, son de absoluta incondicionalidad, suelen tener negocios como: constructoras, franquicias, restaurantes, antros, fraccionamientos privados y otras actividades  más que por salud física no mencionamos.

Los políticos contemporáneos hacen inversiones con analistas, y estrategas, con diseñadores de prospectivas que les digieran la coyuntura por grupos, que les elaboren los mapas de riesgo político, los guíen por donde caminar, les ubiquen los grupos que tienden a la debilidad para alejarse, los grupos que se fortalecen para aliarse, el político contemporáneo tiene asesores que le indiquen donde invertir, como el buen empresario.

Es el  político pragmático, que desplazó la inteligencia por la audacia,  que se dio cuenta que sus alianzas deben ser amplias, ya no solo con grupos políticos fuertes, también con grupos empresariales, religiosos, educativos como las universidades, y grupos delictivos, hay que reconocerlo y aceptarlo, son parte importante de la vida política y económica con quien hay que negociar y llegar a acuerdos.

Pese a que –creemos- de manera apresurada, el Presidente López Obrador declaró terminado el neoliberalismo, no creemos que haya terminado, en Morena, con el esquema mental de político audaz, oportunista, grillo, corrupto, desleal, esto se convierte en el huevo de la serpiente para su propuesta de la IV Transformación. O no.

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