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Make America covfefe again

Yuriria Sierra

El del jueves no fue anuncio sorpresivo, pero no por ello menos inaudito. Oficialmente, Estados Unidos, el segundo país más contaminante del mundo después de China, ya no tiene compromiso alguno para con el medio ambiente. El Acuerdo de París para el Cambio Climático, uno de esos muy escasos consensos globales, en los que una muy, muy, muy representativa mayoría se hace responsable de su emisión de contaminantes, mediante la implementación de leyes, normas y programas cuya finalidad es reducir esta emisión, fue firmado casi por la totalidad de países del planeta. Siria y Nicaragua eran los únicos no incluidos en la lista de firmantes, ahora a su grupo se une Estados Unidos. Estos tres son los países que, desde ayer, no están dispuestos a combatir el cambio climático. Quién lo diría. Estados Unidos y Siria con algo tan del medievo en común.
Desde hace un par de días se había filtrado el anuncio que hizo Donald Trump en la Casa Blanca, pero lo cierto es que su postura respecto del combate al cambio climático la conocemos desde hace varios años. La primera vez que demostró su nulo conocimiento del tema —y sus pocas ganas de aprender al respecto— fue en ese tuit que escribió en noviembre de 2012, en el que acusó a China de haber inventado el concepto de “cambio climático” con la finalidad de dañar a la industria de manufactura de Estados Unidos. Desde entonces, aunque dio un par de señales de “apertura” al tema, sobre todo luego de que llegó a la Casa Blanca, su posición no se movió un ápice. Y cómo iba a ser eso posible si se rodeó de asesores negacionistas de los temas y problemas propios del siglo XXI. El jueves, minutos antes de que Trump diera su mensaje y anunciara la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, Steve Bannon se paseaba frente a la prensa. Su otro “asesor” en estos temas, Scott Pruitt, nombrado por Trump como cabeza de la Agencia de Protección Ambiental, es conocido por sus declaraciones en las que niega que el ser humano sea responsable de la generación de contaminantes. Qué otra cosa se podría esperar.
Aunque las consecuencias ambientales de la salida de Estados Unidos de este acuerdo son inexactas, sí son predecibles: niveles de contaminación más altos a los esperados para los próximos siete años, en 2025 se tenía previsto que se revisaran los resultados de lo ejecutado por EU para reducir sus contaminantes. Eso afectará lo que desde hace varios años se vive en nuestro planeta: deshielo de los polos, aumento en la temperatura, elevación del nivel del mar. Vamos, las consecuencias del cambio climático están debida y nutridamente documentadas en cantidad de estudios. Resulta impensable que haya quienes aún nieguen, no digamos la gravedad, sino la existencia de este problema.
Y ni los mensajes de académicos, empresas y gobiernos del mundo hicieron que Donald Trump pensara dos veces lo que anunció. Su ahora oficial postura sobre el cambio climático se une a esa lista de medidas que en escasos cuatro meses de gobierno nos hacen calificar su política como retrógrada: firmó una resolución para darle a los gobiernos estatales el poder de restringir fondos para servicios de salud reproductiva, como el aborto; hace un par de días se anunció que la revisión de las redes sociales será uno de los requisitos en el trámite de visado; y, aunque su veto migratorio a ciudadanos de países musulmanes pegó con pared en tres ocasiones, está también la restricción del uso de dispositivos electrónicos durante los vuelos a Estados Unidos.
Una de las características que rápidamente se le identificó a su manera de entender la política, desde que se anunció como aspirante presidencial, fue la del nacionalismo malentendido. Make America great again no pudo tener mejor ejemplo de esa torpeza de concepción que en la frase dicha por Trump en el anuncio de ayer: “Fui elegido para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, no de París…”. De plano eso es no entender nada. Tal vez por eso hasta inventa palabras…

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