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Mayagoitia unificó a los duranguenses

De los aciertos de Mayagoitia recuerdo, que con su sensibilidad política, supo conciliar y luego sumar, amalgamando a lo más representativo de las corrientes políticas y fue elogiable que nunca trajo a “fuereños” como funcionarios públicos. Desde que logró la postulación de su partido, los contendientes más cercanos, López Faudoa y el senador Gámiz Fernández, se sumaron públicamente a su candidatura.
Luego se acercó Don Ramiro Arrieta, reconociéndole sus principios y valía; se expresó siempre en términos de reconocimiento hacia él ante sus superiores, logrando que aceptara continuar en su cargo federal, en el que ya llevaba 14 años, conquistando una amistad y respeto mutuo.
Con el empresario Gilberto Rosas Simbeck, también conocido como “Chibeto”, sabía el Doctor Mayagoitia que era un hombre astuto, hábil y muy inteligente, pero también sabía que tenía muchos intereses que no los iba a arriesgar, así que sólo le hizo sentir por las personas adecuadas, lo peligroso que sería seguir en una aventura política que de antemano tenía perdida; le ofreció el apoyo de su gestión y de inmediato se sumó, quizá era lo que buscaba “Chibeto” Rosas, significarse de alguna manera, y lo logró.
La clase política de Durango era un mosaico muy rico, con muchas vetas, cuyos exponentes más claros eran: Ángel Sergio Guerrero Mier, a quien lo promovió a la presidencia estatal del PRI; Maximiliano Silerio Esparza, a quien lo invitó a la Secretaría General de Gobierno; Carlos Galindo Martínez, a quien designó como Procurador General de Justicia en el Estado; Eduardo León de la Peña Lares, quien ocupó en esa administración la Tesorería General de Gobierno; Gonzalo Salas Rodríguez, que fue integrado como presidente del Consejo de Planeación y Urbanización de la ciudad de Durango; César Guillermo Meraz Estrada, quien murió trágicamente cuando ya había recibido el visto bueno para convertirse en el líder oficial de la Liga de Comunidades Agrarias. Al ameritado y legendario Profr. Enrique W. Sánchez, lo designó Director de Educación. Es decir, ningún grupo político quedó fuera.
En aras de lograr un frente amplio de líderes estudiantiles se unificó el apoyo en favor al que esto escribe, para que fuera postulado como candidato a diputado local, en ese frente de líderes estudiantiles estaban Armando López Atienzo, entonces presidente de la FEUD; José Luis Carmona Guzmán, presidente de la sociedad de alumnos del Instituto Tecnológico Agropecuario; Víctor Galindo, presidente de la Normal del Estado; Vicente Canales, presidente de la Normal Rural “J. Gpe. Rodríguez”; Efrén Enríquez Ordoñez, de la CJM (Confederación de Jóvenes Mexicanos); el presidente de la FESYC (Federación de Escuelas Secundarias y Comerciales”; Carlos Delgado Hernández y Raúl Soto Camargo, presidente de la FELED (Federación de Estudiantes Laguneros del Estado de Durango); y 13 presidentes de escuelas de la UJED. Todos me apoyaron a ser postulado como diputado local a los 24 años, cuando el que esto escribe, también expresidente de la FEUD, fungía como Oficial Mayor del CDE del PRI, como así fue.

Ningún fuereño en el gobierno
Desde el primer lustro de los años setentas, cuando el post graduado Mayagoitia logró, con el apoyo franco de Joaquín Cisneros, otrora secretario particular del Presidente Díaz Ordaz, la Dirección de Enseñanzas Tecnológicas y Comerciales y de ahí a la Subsecretaría de Educación Media Superior; fue acumulando compromisos y amistades políticas de todas las latitudes del país, pero no obstante lo anterior, nunca pretendió imponernos como funcionarios a personas que nada tenían que ver con Durango.
El doctorado en Ciencias Bioquímicas Mayagoitia Domínguez, interpretó con claridad el sentimiento de los duranguenses de un pleno rechazo a personas que sin conocer problemas locales ni a sus gentes, extrañas totalmente, nos las impusieran como funcionarios. Es que éste celo no era gratuito, pues se había sufrido la amarga experiencia que sucedió con los importados de su antecesor, por lo qué no designó como funcionario a ningún extraño a Durango.
Tan fue así, que a su único amigo “fuereño” que lo acompañó en su campaña, el Ing. Antonio Rodríguez Viedma, ex condiscípulo y compañero de luchas estudiantiles, quien además había sido líder nacional de la F.N.E.T., al concluir la jornada electoral le agradeció ampliamente su apoyo y le pidió atentamente se regresara a su lugar de origen. Tenía HMD, pues, una radiografía muy clara sobre el Estado que iba a gobernar.
Esta es una puntual lectura de ese tiempo, y toda vez que las certezas e interpretaciones se validan recíprocamente, este es mi enfoque personal de ese gobernante, en donde plasmo no sólo mis impresiones, sino también mis convicciones.

Viví de cerca el movimiento urbano de los 70’s
El periodo de gobierno de Mayagoitia Domínguez no tuvo sobresaltos, ni etapas turbulentas; después de haber experimentado los duranguenses los episodios espectaculares que protagonizaron Enrique Dupré Ceniceros y Alejandro Páez Urquidi, con Héctor Mayagoitia podemos afirmar que fue una etapa de tranquilidad social y estabilidad política, en la que se privilegió la armonía y el equilibrio.
Si acaso los asuntos que más estuvieron a punto de caldear la atmósfera en la relación gobierno-grupos populares, fue lo que se refiere a la proliferación de asentamientos irregulares, que fue el fenómeno social que se desarrolló en aquellos años, pero esas tensas negociaciones que sostuvo con lo que hoy es el Comité de Defensa Popular, si bien fueron candentes nunca llegaron a su punto de ebullición.
Así, se dio paso a la formación de la inmensa colonia “Emiliano Zapata”; 1975 fue el año cuando ese temerario grupo de jóvenes liderados por Marcos Cruz, irrumpieron en la “callada y tranquila ciudad colonial”, con una colosal invasión en un área sub-urbana, desafiando al “status” de derecho, pero abanderando a “un mar de gentes” en aras de una demanda de primer orden por aquellos años: poseer una vivienda.
Fue de las primeras válvulas de escape a ese clamor que ya era masivo; aquí cabría una autocrítica, en el sentido de que los del PRI nos habíamos puesto lentos para enarbolar ese sentir de los desposeídos.
Me podrán decir que ya se habían dado algunas conquistas anteriores, claro eso bien lo sé, pero no fue de manera generalizada, sistemática y permanente, y menos en la medida que ya se había incrementado la demanda de una vivienda propia, y es que siempre nos ha limitado la disciplina mal entendida, nos faltó agresividad y visión a los priistas, para no dejar que se nos arrebatara esa bandera; nos faltó entender la sana distancia de partido y gobierno, esa es mi impresión dicha con honestidad.

Continuará…

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