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- Author: Alberto de la Rosa
- Posted: 1 diciembre, 2018
- Category: Lecturas Políticas, Opinión
Me canso ganso
Ayer se empezó a escribir la historia del inicio de un gobierno no propiamente de izquierda, sino ecléctico, dado que el actual Presidente de la República, sumó a todas las ideologías y estratos en torno a su proyecto. Sí, extrema derecha, extrema izquierda, conservadores, liberales, pragmáticos, todos, se unieron con López Obrador.
Hay mucha expectativa sobre un cambio verdadero, la esperanza de los 30 millones de votantes es que no sea un gatopardismo como en el 2000, o sea, que todas las cosas sigan igual, que solamente se trate de un cambio de grupo en la ostentación del poder.
Esto López Obrador lo sabe perfectamente, y más, que seis años no son suficientes para lograr la Cuarta Transformación, por lo que no puede desperdiciar los días en una cacería de brujas, que al final del día únicamente se pierde el tiempo y no se llega a ningún puerto, como fue el caso de Durango en donde la agenda se ha perdido por casi tres años en la persecución de ex servidores públicos.
Muchos pensarán que se trata de un borrón y cuenta nueva, pero el Presidente dejó en claro que predicará con el ejemplo, que se castigará la corrupción con cárcel y que no se emplearán los programas públicos con tintes electorales; esperemos que esto sea verdad, porque la figura de los coordinadores de su gobierno en las entidades federativas, conocidos como superdelegados, se presta a la suspicacia electorera. Así como agradeció Peña Nieto en no intervenir en las pasadas elecciones, ahora a él le toca hacer lo propio, sobre todo que en Durango, el próximo año tendremos la renovación de los 39 Ayuntamientos.
La gente no pierde la esperanza, López Obrador comentó en su discurso que un ciclista le dijo que no tiene derecho de fallarle al pueblo; no debe quedarle mal a todos los mexicanos, no solo a quienes votaron por él.
Hay mucha incertidumbre de que pueda cumplir todas sus promesas, dudan de que su fórmula mágica de combatir a la corrupción y a la impunidad, que serán a partir de ayer, puedan generar la modernización de nuestro país.
La ciudadanía espera que no exista el doble discurso, que se hable de austeridad, sueldos decorosos para los servidores públicos, la inexistencia de tráfico de influencias para favorecer a empresas o políticos, pero que en el terreno de los hechos las cosas sigan como hasta antier, en acuerdos por debajo de la mesa para beneficiar a unos cuantos.
Sin embargo, López Obrador dejó en claro que no es ningún improvisado de la política, tiene el dominio del estado en que se encuentra el país; conoce como nadie la historia de nuestra patria, ahora le toca la complicada responsabilidad de estar del otro lado del mostrador, que no es lo mismo ser borracho que cantinero, y verá que no es lo mismo amar que ser amado; “me canso ganso”.




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