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Menos poder, más expectativas

Quién de nosotros no recuerda la ley de Lomonósov-Lavoisier, una de las leyes fundamentales en todas las ciencias naturales, obligatoria en las clases de química y que versaba más o menos así: “La materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Si traspalamos esa sentencia no al ámbito de las ciencias naturales, sino al de la ciencia política, podríamos aseverar entonces, en base a las evidencias que ofrecen los nuevos tiempos que: El poder, como la misma materia o la energía, no se crea ni se destruye… pero irremediablemente se disemina entre una multitud de agentes, o micropoderes en cuyas manos acaba degradándose.
Esa degradación, y su efecto será la misma que condicione en gran medida el proyecto de alternancia que encabeza José Rosas Aispuro Torres, pues si bien es cierto que los resultados del pasado 5 de junio dejaron ver como el poder es cada vez más asequible de obtener, también resulta más difícil de usar y más fácil de perder.
El panorama al cual tendrá que hacer frente el hoy mandatario electo, será muy distinto al que afrontaron sus antecesores, quienes por más de 85 años, nunca tuvieron contrapesos, ni en el poder legislativo, ni en los gobiernos municipales, y por supuesto tampoco en el poder judicial, pues eran todos completamente sumisos a los designios del Gobernador en turno. Es decir, gozaban de un poder pleno y bastante para marcar las directrices, en las que a su consideración, debería de encaminarse las políticas gubernamentales, no teniendo su sequito más alternativa que acatar las reglas de la estructura piramidal en la que operaba desde su fundación el sistema político en la entidad.
En esta ocasión no será así, pues aunque existirá una mayor pluralidad en el Congreso del Estado, la mayoría de las curules seguirán perteneciendo al Revolucionario Institucional, partido que conserva también una mayoría aplastante de Municipios gobernados, entre ellos la región lagunera. Del mismo modo, el aún grupo en el poder, cuenta con el control del Supremo Tribunal de Justicia del estado, donde bajo la figura de Apolonio Betancourt han sabido encontrar un resquicio desde el cual agazaparse, lo que vaticina un comienzo de gobierno bastante difícil.
Por otra parte, la administración saliente entendió que, en un mundo en el que las consideraciones políticas son primordiales, la forma de agresión más eficaz es la más oculta: la agresividad detrás de un exterior dócil, y hasta amable. Bajo esta estrategia de agresividad pasiva, empezaron a dominar la situación, orquestando una serie de encuentros entre el Gobernador saliente y el electo, han garantizado un proceso entrega-recepción tranquilo y ordenado, a diferencia de lo ríspido que ha resultado en otros Estados y que a la vista del ciudadano promedio se interpreta como un mensaje de impunidad.
Si a esto le sumamos los desencuentros y disputas internas por espacios de poder en la anatomía de su propio equipo (panistas, perredistas y priistas reconvertidos al aispurismo) no podrá negarse el gran reto que Aispuro tiene frente a sí.
Nunca antes un gobernador se habrá encontrado con espacios tan estrechos para la toma de decisiones. Nunca antes un Gobernador tuvo que lidiar con tantos contrapesos, y con tantas expectativas como las que se generó el pueblo de Durango y que motivaron su triunfo. Nunca antes un Gobernador tuvo que administrar un Estado donde hay más de todo, más pobreza, más corrupción, más tecnología, más deuda pública, más ONG´s, más religiones, más partidos políticos, más oposición, más participación ciudadana, más acceso a la información, más reformas a implementar, más exigencias, más, más, más…
El poder ya no es lo que era antes, sin lugar a dudas, pero los grandes retos están hechos para grandes hombres, estamos a poco menos de un mes de ver si el cambio por el que se optó cumple con las expectativas o si bien resulta como aquel viejo proverbio chino que dice: Las grandes almas tienen voluntades; las débiles tan sólo deseos.
Facebook: Edgar BC
Twitter: @edgar_olafbc

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