MINUTO X MINUTO

Movimiento estudiantil de 1970


Sería incorrecto, además de incompleto este pasaje político de nuestra historia contemporánea, si se ignoran los anteriores conflictos relatados, que marcaron la administración de Don Alejandro Páez Urquidi, de quien al final citaré su obra, que vista al tiempo y desapasionadamente, fue extensa y trascendente; en esta parte de la historia apunté con pretendida objetividad, las condiciones difíciles que imperaban y fueron el caldo de cultivo para el Movimiento Estudiantil de 1970.

Fue en el calor de la mencionada turbulencia social y política, en que, recuerdo con suma claridad, fui electo Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria, el 9 de diciembre de 1969, la cual gané, lo digo con orgullo y sin falsa modestia, con abrumadora mayoría: de las 14 escuelas que componían entonces a la UJED, triunfé con amplio margen en 13.
La toma de protesta la pospuse, en aras de organizar una ceremonia con “bombo y platillo”, en la que amenizara, como así fue; la Estudiantina de Guanajuato, en esos añorados pasillos que huelen a historia del Edificio Central; pero también la fui postergando porque torpemente quise que asistiera el gobernador, a quien ya había invitado, Y digo torpemente, porque tal parece que no me daba cuenta o subestimé las condiciones, que no eran favorables para que el Gobernador entrara al Edificio Central, pues el clima político estaba a toda su presión, por los hechos que enumeré líneas arriba. A mis veinte años, que tenía entonces, me faltó malicia y mucho cálculo.
Se toma palacio de gobierno
Así llega el día 9 de enero de 1970, año del Mundial en México: fue la noche de ese día en que tomé posesión de la FEUD, pero el ambiente estaba caldeado por los conflictos narrados y por la anunciada visita de Páez Urquidi, y para colmo de males, con una marcha exigiendo un informe…
Movimiento Estudiantil de 1970
Llegar a ser presidente de la Federación Estudiantil Universitaria, fue el sueño más acariciado de mi juventud que logré cristalizar. Por entonces, no contemplé que mi responsabilidad -la cual tenía que ver sólo con asuntos universitarios- se fuera a ver implicada con un movimiento so¬cial totalmente extramuros, pues me había preparado sólo para dirigir a la comunidad estudiantil, no para dirigir un movimiento social; esa es, con honestidad, una verdad.
Con la serenidad de los años pienso que, escribir con absoluta responsabilidad y con la mayor fidelidad posible, es convicción y es búsqueda de las reminiscencias, que nos remonten a través del tiempo a recorrer juntos los capítulos que han tejido la historia contemporánea de Durango.

Nos habíamos quedado pues, en que el día que tomé posesión como presidente de la FEUD, pocas horas antes coincidió con una manifestación estudiantil, en la que exigíamos cuentas claras sobre el legado de Raymond Bell y de la cuota $4.50 del Cerro de Mercado, pero, cuando íbamos pasando fuente al Palacio de Gobierno, estaba precisamente entrando por la puerta principal el Gobernador Páez Urquidi, cuando instintivamente la muchedumbre se abalanzó a detener al mandatario en su paso, ya en el patio central. Eran alrededor de las cinco y media de la tarde, cuando se dio este hecho tan insólito como fortuito, que no pude detener. De no habernos encontrado con el gobernador en esos momentos, nada hubiera pasado.
¡Ahí va Páez Urquidi! ¡Ahí va Páez Urquidi! gritaba la multitud; pensé que era una broma pues yo no lo veía. Cuando menos acordó, ya estaba siendo impulsado e insultado de manera violenta por los acalorados jóvenes.
Así pues, se tomó el Palacio, obligando al mandatario, de hecho, a abandonarlo. Ese acto impensado y casual, además de los ánimos sulfurados de la mayoría, nos empujó a un acto no programado, de posesionarnos por diez horas de esa casona gubernamental.
Los cientos de estudiantes posesionados no admitían tregua y los ánimos estaban sumamente caldeados» Me parece que fueron Armando Núñez Rodríguez, Gustavo Gómez Mendoza y Alfonso Oury Jackson, quienes me pidieron aceptar allí mismo -en la planta baja del Palacio de Gobierno- me tomara la protesta el Rector Carlos Galindo Martínez, quien acudió al interior del Palacio a disuadir a los estudiantes de esa peligrosa decisión de mantener tomado el edificio gubernamental.
Les pedí a mis compañeros un voto de confianza para salir a la Universidad, a tomar posesión como presidente de la FEUD, comprometiéndome a que terminando la ceremonia me regresaba con ellos, como así sucedió.
El acto de recibir la Federación Estudiantil no estaba en discusión, sino lo que se deliberaba era en donde llevarlo a efecto; la prueba está en que el rector Galindo Martínez me tomo la protesta en la Universidad y de inmediato me regresé al gobierno. Pero ya con escasos compañeros de la directiva, pues se habían asustado con esa medida de tomar Palacio de Gobierno. Debo agregar, en honor a la verdad, que yo tampoco estaba de acuerdo con esos extremos, pero estaba copado por universitarios más radicales que no tenían nada que perder en lo político, la historia se escribe como fue; en esos momentos tenía ante sí un escenario impredecible.
Me encontraba con un hondo dilema: por una parte, el que esto escribe tenía legítimas aspiraciones políticas dentro del partido gobernante, en donde militaba desde mi adolescencia, con un proyecto de vida, y, por otra parte, también deseaba culminar mi ciclo como presidente de la FEUD; esa indecisión y ambivalencia me inhibía y seguramente mi formación de disciplina partidista me frenó a tomar la dirección de esa temeraria acción, Este pasaje fue una encrucijada en mi vida.