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No dejarse mancillar…

La pasada colaboración abordamos sobre, ¿Hay miedo?, hoy nos referiremos a no dejarnos mancillar, la mancilla es una afrenta, un desdoro, un deshonor y en estas próximas elecciones lo debemos evitar, lo explicamos.
“Dice Eduardo Chillida que: “Un hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo”.
La dignidad es el respeto o la estima que todos merecemos, la dignidad es la cualidad de digno, que significa valioso, con honor y merecedor. La dignidad nos es innata y fomenta la sensación de plenitud y satisfacción, refuerza la personalidad y, sin lugar a dudas, es el pilar fundamental de la seguridad en uno mismo. La dignidad se manifiesta en el comportamiento, en la decencia, la nobleza, en la lealtad, en la hidalguía, en la generosidad y en el pundonor.
El que es digno responde a sus compromisos con formalidad y honra. Con la dignidad se nace, pero es uno quien la defiende, la respeta y la desarrolla en sí mismo y para su relación con los demás o no.
La dignidad es una cualidad que no todos saben conservar y defender a lo largo de su vida, sencillamente porque no han entendido la necesidad de poner límites de respeto hacia su persona, sus intereses, sus deseos, sus pensamientos y sus emociones. Sin límites no puede existir la dignidad, porque el límite es el respeto que cada uno traza en sí mismo y también frente a los demás.
Y los hay que no los ponen o que haciéndolo, no los respetan, los hay quienes exageran tanto en ellos, que se convierten en seres absolutamente vulnerables. Son aquellos que, ante cualquier comentario, lo toman de manera personal y viven permanentemente irritados; y los hay también que ponen límites aleatorios, es decir, hacia algunos sí y hacia otros no, viviendo en una ambivalencia entre la prohibición y la permisividad.
Los límites se ponen o no, se respetan o no, y siempre empezando por uno mismo.
Pero algunos lo olvidan y comercian con su propia dignidad, con su honor, con su valía. Y los hay que se venden o se alquilan, o los que se entregan vehementemente a una causa que jamás será correspondida, y los hay también, que creen que todo lo merecen, que están para ser servidos, atendidos y venerados no importa, cualquier desequilibrio en el concepto de la dignidad sobre uno mismo es mancillarla.
Mancillar es deslustrar, desacreditar, deslucir, afear o ajar la propia dignidad, y por ende, la imagen que tenemos sobre nosotros mismos y que proyectamos a los demás.
Se mancilla y permite que la mancillen todos aquellos que no ponen límites a su dignidad, todos aquellos que ponen por detrás de los demás lo que son, los que no se aman lo suficiente, los que temen defender sus derechos, sus opiniones, sus emociones y la persona que son, los que aceptan faltas de respeto, los que toleran la mala educación, la violencia, el capricho, los que se niegan a ver la realidad y prefieren vivir en la mentira, los egocéntricos, los tibios y todos aquellos que no son capaces de vencer sus inseguridades y prefieren proyectarse al mundo como lo que no son.
Hoy lo invito amable lector a tener muy claros sus límites, a respetarlos y a cumplir con las condiciones que estos le exijan, sin hacer distinciones ni maniobras, usted es lo mejor que tiene y será tratado por los demás de la misma manera que se trate así mismo, los trate a ellos y manifieste sus límites en cualquier circunstancia. El cuidado y el respeto de su dignidad comienza por usted y es su obligación conservarla intacta. Que nunca le venzan las circunstancias y que nunca le derrote el miedo porque una vez que ceda, dejará de ser libre para seguir siendo quien es y aspirar a lo que siempre ha querido… porque quien cede en su dignidad lo cede todo. Como siempre, usted elige.
Lo que quiero decirle con claridad, que no importa lo que los demás digan o piensen que éste o aquél candidato es el mejor, eso no es cierto, lo que verdaderamente importa es lo que uno piensa en su interior, lo que le dicta su corazón, después de haber analizado a cada uno de los candidatos, su proyecto de nación, sus propuestas y la forma en que va a resolverla.
No se deje engañar, no vamos a poder tener una nación nueva y cambiada nada más porque sí, porque lo dice ese candidato que cree tener una varita mágica para resolverlo todo, no es cierto.

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