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No es mera coincidencia

Sin ProtocoloEn el Medioevo había solo dos clases de población, los señores feudales y los vasallos o ciervos, todos en torno al feudo y al rey. Los ciervos y vasallos no tenían más derechos que los de servir a sus amos a cambio de dejarlos vivir en pocilgas y sobre explotados. Los señores del feudo y el rey eran los que disfrutaban del esfuerzo de todos sus súbditos.
Así podíamos definir a de manera muy superficial -se acepta- el periodo feudal europeo que siguió a la caída del imperio romano y que se ubica en el siglo V, el periodo feudal tuvo una duración de mil años. Culmina el feudalismo en el siglo XV con la aparición de la imprenta, la incipiente industria que desplaza la producción artesanal y algunos historiadores incluyen el descubrimiento de América.
La nobleza medieval era ostentosa, llena de lujos, soberbia, corrupta, inmoral, impune, distanciada absolutamente de los ciervos y vasallos de quienes se servían. Vivían en las intrigas palaciegas y en las luchas por ampliar su poder territorial y humano. Mantenía estrechos vínculos con el clero y el papado a quien juraban obediencia y compartían con ellos las riquezas a cambio del control ideológico de la gleba.
Contaban con un ejército para defender en caso de ser atacados, o de agredir en caso de expandirse a otros territorios. La nobleza medieval existía envuelta en el oropel de la riqueza originada en la miseria y el trabajo infame de sus ciervos cuyo promedio de vida no llegaba a los treinta años y se debatían en la enfermedad, la ignorancia, el miedo y la sumisión.
Nos parece que es bueno recordar esta etapa de la historia y no obstante los siete siglos de distancia, del desarrollo de saber en todos los ámbitos del conocimiento, de la construcción de teorías sociales, del desarrollo de las ciencias sociales y de la técnica en diferentes áreas de la humanidad, a pesar del la conquista espacial que ha hecho que el hombre pise la luna, o que se hagan descubrimientos portentosos para curar o para comunicarse.
Pese a esto, sigue habiendo grandes grupos sociales marginados y explotados, y la existencia de privilegiados que viven en el lujo y el confort producto de la impunidad y el parasitismo social, sobre todo de la actividad política ligada a la delincuencia más atroz.
Si en el Medioevo la nobleza era corrupta, impune, ostentosa, manipuladora, vengativa, insensible, criminal. A siete siglos de distancia esto no ha variado mucho, hay un pequeño sector social que vive igual, incluso con métodos más refinados que le permiten justificarse y prologarse en el poder.
Hay una clase dominante que por su actitud ha creado una brecha con los dominados de quienes vive. Antes eran los tributos que podían ser en dinero o especie y en prestación de servicios, pero llegó a ser derecho del señor feudal el de pernada, es decir, ser el que tuviera primero en las bodas relación sexual con la novia antes que el esposo.
Hoy esa clase social principesca vive de los impuestos del ciudadano, no tiene derecho de pernada pero es peor, muchas veces está ligado a grupos que controlan la prostitución de mujeres y niños y llegan a utilizar hasta las oficinas de los partidos políticos para el enganche de mujeres y quizá de niños. Cuando menos se han detectado llamadas telefónicas de altos dirigentes políticos con gente vinculada a la trata de niños, esto todos lo sabemos y la periodista Lydia Cacho lo documenta en uno de sus libros.
La vida suntuosa es de sobra conocida. El lujo de los hombres del poder es increíble, desde el que viste modelos exclusivos de Europa o Nueva York, la que usa bolsas de piel exclusivas de las damas esposas de los magnates o las luminarias de los grandes espectáculos, los que construyen mansiones de un lujo inimaginable en Paris, España, Italia, Inglaterra, o Nueva York, muy cerca del Central Park, los que poseen propiedades inimaginables, los que compran yates y aviones ultra modernos y todos viven pero no conviven con millones de pobres extremos o gente a la cual se le ha negado el derecho de vivir de manera humana. Quizá haya quienes intentan ocultar un poco su fastuosidad, pero no lo hacen su hijos que viven la locura del lujo y el confort.
En todos los casos se dan conductas de soberbia, los iluminados que solo investigarlos un poco se sabrá que están hechos de mentira, maldad, corrupción e impunidad.
Cuentan con un ejército institucional o grupos de seguridad personal que no ocultan y están dispuestos a actuar con dureza si se les ordena. Desde reprimir a quienes se convierten en incómodos como los jornaleros del valle San Quintín en Baja California, o estudiantes normalistas, o periodistas, o cualquier ciudadano que a su juicio se pase de la raya, o contra sus mismos competidores por el poder.
En todo caso cualquier parecido con la época medieval no creemos que sea mera coincidencia. Y usted.
Jenep_55@hotmail.com
Twitter: @ajua011

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