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No hay nada casual

Cuando veo que quienes perdieron el poder político no se preguntan por qué  perdieron la elección y si lo hacen sus conclusiones son tan superficiales que dan pena. Para los priistas no existen los electores a los que hay que darles respuesta, solo existen quienes los relevaron del poder a quienes acusan de ignorantes, ridículos, atrasados, mediocres y otras lindezas.

Escucho las intervenciones de los diputados y senadores en tribuna del Congreso de la Unión, su discurso es el mismo de antes del primero de julio. La narrativa que los electores rechazaron de manera  contundente, el ya basta del México que solo existía para ellos, el lenguaje absurdo, la separación abismal que construyeron con los más de este país y el buen gobierno para los menos, pero para los mucho menos en los que se concentró la riqueza generalmente mal habida  a la sombra de la impunidad y la corrupción.

Hemos llegado a la conclusión que insistan en el México de ellos, el de su fantasía, de su imaginación, de su mente calenturienta, no es casual, tampoco es porque estén limitados, o que tengan atraso mental o subdesarrollo cerebral, por supuesto que no, ese discurso es parte de la maquinaria del sistema que no acaba de morir, y quizá, para la mayoría de los mexicanos, sea el momento más delicado porque  está herido.

Si este lenguaje se liga a las reacciones que pretenden desgastar, acorralar, disminuir y chantajear al nuevo proyecto, las cosas se ponen más complicadas. Ese discurso repetido de que la baja salarial metería en una crisis administrativa al gobierno, que los cerebros del estado correrían ante la disminución de sus percepciones, de que el país se va a convulsionar sin ellos, casi nos dicen que sin su brillantez se acaba el mundo.

Nosotros decimos que son pamplinas, pero es parte de una idea de quienes aún tienen el poder y no quieren cederlo ni un ápice. Observamos que quienes están esperando el error para magnificarlo no veían los errores del modelo pasado por una razón, cada error del gobierno que agoniza los beneficiaba y de gran manera.

Creemos que el discurso priista es congruente con su naturaleza de partido neoliberal, sin ideología y pragmático. El resultado electoral del primero de julio no lo cambió ni mínimamente, sigue una línea intuitiva que irá readaptando conforme las señales no escritas se vayan dando.

La respuesta que se da a López Obrador por calificar al país en “bancarrota” fue inusual, los empresarios,  los articulistas y medios funcionales se lanzaron con todo, lo hicieron aparecer como algo catastrófico que presagia el fin de un país, el inminente hundimiento tipo Titánic. Pero en esto no hay nada casual, todo lleva una intención quizá macabra.

Atrás de esta rabieta hay mensajes cifrados, es decirle a AMLO está bien tu modelito, es una ternurita, pero el nuestro va a seguir, acuérdate lo que les ha pasado a quienes han intentado cambiarlo. Nosotros tenemos fuerza, tenemos poder, tenemos aliados poderosos, tú solo puedes tener el apoyo de un pueblo pobre y desnutrido, no te queda de otra, “o cabresteas o te ahorcas”.

De ese tamaño es el reto de López Obrador, el camino para la construcción del nuevo modelo está minado. Para nosotros el momento es histórico. La fiesta no ha empezado  y ya todos quieren sacar  a bailar a las muchachas, el problema es que nadie quiere bailar con la más fea. O no.

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