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No nos dejemos perturbar…

La Selección Mexicana nos dio un tapabocas a los escépticos como un servidor.
Son tiempos que por nuestro enfado sobre las circunstancias de nuestra vida, en ocasiones, inconscientemente caemos en la trampa de nuestras percepciones y nuestros sentimientos y así somos candidatos a dejarnos perturbar.
Dice Inmanuel Kant que: “La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia la debilidad del fuerte.” En esta ocasión hacemos un esfuerzo por brindar una radiografía social de los llamados “incondicionales de AMLO”, a los que con sus mentiras y promesas ha creado un caldo de cultivo, piénselo y comprenderá.
Lo perturbable es todo aquello que se puede inmutar, lo que trastorna el orden y concierto, altera la quietud y el sosiego de algo o de alguien.
El perturbable es aquel que se deja dominar por los demás, por las circunstancias, por la conmoción repentina del ánimo, por lo que escucha, lo que ve e incluso por lo que cree, intuye o considera. El perturbable posee una mente conflictiva, voraz e insatisfecha; vive en la confusión, siempre inestable, víctima de sus propias contradicciones, de su ofuscación, de su avidez y de su permanente aversión.
El perturbable ha creado y recreado a lo largo de su vida adulta círculos concéntricos de miedo, paranoia, hostilidad y egocentrismo. Al perturbable se le nubla la razón y pierde el buen juicio. El perturbable se duele de todo, de todos, hasta de sí mismo. La vida del perturbable está autocondicionada para ser siempre colérica, es el reflejo de su mente y de su ser.
Lo contrario del perturbable es quien no se perturba, no se altera, es quien permanece calmo, atento, firme en su forma de ser, a pesar de los otros, de las circunstancias, de sus inquietudes, de sus posibles temores, de sus intuiciones o consideraciones.
El imperturbable es el ser paciente, equilibrado, consciente, constante, tenaz, sosegado, es el de ánimo estable, el que se siente seguro en sí mismo, en quién es y en cómo es, es el que comparte, pero no se pierde en los otros ni en sus opiniones, comentarios o juicios; es el que sabe que las circunstancias van y vienen, es el que comprende que vivir implica sus riesgos, sus tiempos de paz y de lucha, es el que sabe aprovechar las oportunidades, el que piensa antes de hablar, el que visualiza, pondera y reflexiona. Es el que decide, elige y se hace responsable de esas elecciones. Es el que vive, se vive y deja vivir, es el que sabe esperar sin desesperar, el que sabe decir no, el que contempla, el que disfruta, el que afronta sin temer a las contrariedades, el que siempre se define y se defiende a sí mismo y a sus intereses.
El perturbable es voluble, el imperturbable es firme, por eso no, no se deje engañar por aquellos que critican la calma con que algunos suelen tomarse aparentemente la vida, ni tampoco se deje llevar por los que juzgan a un ser estable, consciente y enfocado, porque a veces, muchas veces, no hace falta hacer un escándalo ni alarde de grandes desempeños, no hace falta tampoco presumir de la falta de tiempo o del exceso de actividades, ni tampoco hacer gala del mal humor, de la agitación o del estrés desmedido.
A veces, tampoco hace falta que el éxito se desborde a los ojos de los demás para que se sepa que existe, o que se ha alcanzado, eso sólo es propio de los que insisten en vivir hacia afuera de sí mismos, los que necesitan el reconocimiento y la aprobación de los demás, los que son a partir de los juicios y las opiniones ajenas. A veces sólo se necesita el reconocimiento que uno se dé a sí mismo por el esfuerzo de cada día, por cómo actúa de forma coherente con sus sentimientos, sus pensamientos y su visión del presente y del futuro, porque ése que se ve imperturbable, se siente profundamente exitoso, capaz, seguro y feliz con su propio desempeño.
Por eso hoy le invito a que reflexionemos y seamos pacientes y nos entendamos a nosotros mismos y ayudemos a los demás a entenderse a ellos mismos y ayudándoles a crear ese mundo que les permita mantenerse enfocados en su vida e imperturbables, no conozco una mejor manera de vivir que siendo uno mismo en total magnitud, potencialidad y posibilidades, pruébelo y pruébese con los demás. Su vida la elige cada uno de nosotros, no permitamos que el ritmo de la multitud ni sus estándares de lo que piensen u opinen nos hagan pensar como ellos y no es lo cierto, nos es la verdad. Pero como siempre, usted elige.

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