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No saben hablar

Hace algunos años, para hablar ante el micrófono en una estación de radio o para aparecer a cuadro en la televisión era requisito indispensable obtener una certificación por parte de la Secretaría de Educación Pública, que a través de una Dirección de Radio y Televisión examinaba a los aspirantes y determinaba quienes eran aptos para desempeñarse como locutores, cronistas o comentaristas.

Era una serie de exámenes muy rigurosos, primero de cultura general en el que se evaluaban los conocimientos del aspirante en materias como literatura, política, historia, geografía, lingüística, arte, ciencia y otras. Baste decir que solían pasar este examen menos del diez por ciento de quienes lo presentaban.

Quienes aprobaban tenían derecho entonces a presentar otros uno sobre conocimientos de la ley federal de radio y televisión; otro sobre lectura y pronunciación de inglés, alemán, francés e italiano y, finalmente un examen de desempeño en cabina, ante un micrófono no solo para analizar la capacidad de modulación, dicción o desenvoltura, sino de improvisación. Pocos, muy pocos aprobaban y algunos sólo hasta después de dos o tres intentos.

Los micrófonos estaban en buenas manos.

Por eso ahora da lástima escuchar cada barbaridad que se dice, pos trabajadores de la radio y la televisión cuyo entusiasmo no logra paliar su ignorancia.

Pero más triste es aún cuando los errores y los vicios; los atentados contra el idioma se cometen por quienes trabajan con el lenguaje en forma escrita; ocurren y a diario.

Y no solo entre quienes su trabajo es hablar o escribir, sino entre quienes difunden información desde oficinas de “comunicación”, entre políticos y en prácticamente todos los segmentos de la actividad.

Desde luego que hay quienes usan el idioma con gran corrección, pero también hay extremos, casos comprobables de quienes se atreven a publicar libros, aquí en Durango y no tienen la capacidad de escribir un párrafo de manera coherente y peor aún, que esos libros son editados y financiados con recursos públicos a través de instituciones “de cultura”.

Habrá que retomar de momento algunos ejemplos cotidianos, de términos que son usados por comunicadores, políticos y abogados, cuyas respectivas profesiones exigen el dominio del lenguaje.

Ayuntamiento.- Casi a diario, noticieros, diarios y discursos llevan esta palabra mal empleada como sinónimo de municipio y viceversa; muchos no alcanzan a diferenciar que un término se refiere al espacio territorial o la división política formal y el otro a la autoridad colegiada de ese territorio. No son lo mismo.

Ministerio Público.- Pocas expresiones están tan mal empleadas y con tanta frecuencia como esta; no es raro leer y escuchar que “el ministerio público dijo” o peor aún, “los ministerios públicos” lo cual duele en los oídos y a la vista de quienes tienen algún aprecio por el correcto uso de la jerga jurídica. Desde luego que no pueden existir en plural, el Ministerio Público no es una persona, no es un cargo; es una función que el Estado delega en representantes o agentes, que propiamente deben ser llamados Agentes del Ministerio Público.

Ciudadano ejecutivo.- La frase en sí misma podría ser correcta si se refiere a un ejecutivo de cuenta en un banco o a un funcionario de una empresa con atribuciones ejecutivas, pero nunca a un gobernador o al presidente de la República. Y es que la palabra ejecutivo en este caso, sólo puede usarse como adjetivo, poder ejecutivo, o como sustantivo siempre que se refiera al poder pero nunca al titular de ese poder.

El gobernador y el presidente son desde luego en cada caso, titular del poder ejecutivo, y para abreviar suele decirse, titular del ejecutivo o jefe del ejecutivo lo cual es correcto, pero es un error lamentable que refleja pobreza intelectual referirse a él como ‘el ejecutivo’ o ‘el ciudadano ejecutivo’.

Por cierto que ese error se comete en uno de los conmutadores del gobierno local, cuyo directorio grabado suele indicar la extensión del “ciudadano ejecutivo” lo cual obviamente esta mal dicho cuando debería decir: del ciudadano jefe del ejecutivo, o más fácilmente del ciudadano gobernador; pero si se quiere, ciudadano titular del poder ejecutivo del estado.

La lista de gazapos comunes podría seguir, e implica una autocrítica necesaria, pero estos ejemplos dan una muestra.

Y no es peccata minuta, la corrección en el hablar y en el escribir reflejan, nivel, cultura, capacidad, rango.

Y la actividad de la comunicación, tanto la que se da desde los medios, la institucional, la que se usa diariamente entre la gente debe por evidentes razones tender a lo mejor que desde luego es más difícil.

 

Twiiter: @MCervantesM

 

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